Paratimia: Síntomas de este trastorno afectivo

Los humanos interactuamos con el entorno y con los acontecimientos que nos suceden, mostrando sentimientos y emociones al respecto, los cuales aportan valor afectivo a las situaciones que vivimos y a las personas con las que nos relacionamos. Manifestamos nuestros afectos a través de las risas, el llanto, los gestos, las actitudes.

La afectividad tiene la función de orientar nuestras acciones y conductas hacia distintos objetivos, influyendo en nuestro estado de ánimo.

El modo en que experimentamos los hechos que nos suceden varía de una persona a otra según su personalidad, incidiendo en nuestro pensamiento, en las percepciones, en nuestro comportamiento y en la forma de vivir.

A pesar de que nos damos cuenta de las emociones que experimentamos, no tenemos control alguno sobre ellas, dado que aparecen de manera espontánea e inmediata; son impulsos que aparecen de forma natural. No obstante, sí que tenemos la opción de decidir cuáles son las actitudes que adoptamos al respecto.

La expresión adecuada de los afectos tiene especial relevancia en el desarrollo evolutivo de los niños, dado que favorece la autoestima, la seguridad en uno mismo, la aceptación personal y la consolidación de la afectividad. El núcleo familiar confiere la seguridad afectiva mediante las expresiones de cariño, el contacto físico y la valoración.

La afectividad es interactiva, ya que las emociones y los sentimientos que tenemos hacia alguien suelen ser recíprocos, rara vez se generan hacia alguien que no sienta nada por nosotros o a quien le resultemos indiferentes.

Conceptos relacionados con la afectividad

La afectividad comprende diferentes conceptos que reflejan distintas funciones:

  • Emociones: son reacciones que se producen súbitamente para mantener o eliminar el acontecimiento que las ha desencadenado. Se desencadenan de manera rápida y suelen tener una duración breve.

Las emociones tienen una función biológica y adaptativa, nos permiten comunicar cómo nos sentimos y facilitan las interacciones sociales y la adaptación al entorno. A su vez, inciden en procesos psicológicos como la percepción, la atención y la memoria, generando cambios fisiológicos y psicológicos. Están relacionadas con el estado de ánimo, la personalidad y la motivación.

Las emociones básicas que existen son: el miedo, el asco, la alegría, la ira, la tristeza y la sorpresa. Existen emociones secundarias, que se componen de las primarias: el orgullo, el placer, la satisfacción, el desprecio… y están ligadas a la cultura y al contexto social.

Las emociones se experimentan de manera subjetiva, dado que poseen pensamientos, recuerdos e imágenes distintivas. Normalmente prestamos atención a sucesos que se correspondan y que resulten congruentes con nuestro estado emocional.

  • Sentimientos: son estados afectivos complejos, más duraderos y menos intensos que las emociones, a pesar de que se generan a partir de ellas. Surgen a partir de los pensamientos que tenemos de nuestras vivencias emocionales, del hecho de tomar consciencia de las emociones que experimentamos. Es la percepción de lo que sucede en nuestro cuerpo y en nuestra mente.
  • Afectos: son los sentimientos que acompañan a nuestras ideas, los aspectos conscientes y subjetivos de la emoción. Generan toda una serie de comportamientos observables, que se corresponden con la experimentación de la emoción.

Tienen cambios más fluctuantes y están en sintonía con los pensamientos y el lenguaje que lo acompañan.

Los afectos varían en las diferentes culturas, dado que tienen un importante componente social.

  • Humor: se corresponde al estado de ánimo y se define como el modo de presentar, juzgar o comentar la realidad. Son emociones persistentes que se mantienen y se experimentan de manera subjetiva, a pesar de que pueden ser observados también por los demás.

Aparecen de manera más lenta y progresiva, prevalecen en el tiempo y pueden aparecer de manera espontánea (sin estímulo que las preceda) o tras la aparición de ciertos estímulos.

Paratimia

La paratimia es un trastorno de la afectividad caracterizado por la inadecuación de la expresión emocional de una persona en una determinada situación, es decir, el afecto mostrado es incongruente con el contexto en el que se da. También se denomina “afecto inapropiado” o “inadecuación afectiva”.

La inadecuación puede referirse tanto al sentido, como a la intensidad del componente afectivo que acompaña la vivencia. Las reacciones del sujeto no se corresponden de un modo natural con el contenido de sus vivencias, ni con la consciencia de sí mismo ni de su entorno.

Un ejemplo de paratimia serían: sonreír mientras le estamos contando algo que nos preocupa (hospitalización de un familiar, alguna mala noticia…) o mientras estamos llorando.

Se observa con frecuencia en pacientes esquizofrénicos (sobre todo en casos de esquizofrenia negativa) y en síndromes orgánico-cerebrales, siendo poco habitual su aparición en síndromes afectivos primarios como cuadros depresivos o maníacos.

Psicopatología de la afectividad

Existen diversas alteraciones de la expresión de las emociones, además de la paratimia, que se corresponden con diferentes trastornos afectivos. Constituyen muestras de las emociones impropias para el momento, o bien de intensidad o duración inadecuadas.

La alegría y la tristeza patológica serían, por ejemplo, muestras demasiado intensas y extremas de una emoción básica y sana, por lo que supondrían una expresión inapropiada de las mismas.

Otros trastornos de la afectividad serían:

  • Indiferencia o frialdad afectiva: incapacidad o ausencia de experimentación de sensaciones afectivas. Muestran muy pocas reacciones emocionales.
  • Anhedonia: incapacidad para experimentar placer.
  • Labilidad emocional o afectiva: cambios repentinos del afecto y nulo control de las emociones.
  • Distimia: estado de ánimo bajo de larga duración.
  • Disforia: sensación de malestar emocional general con ánimo depresivo, ansiedad e inquietud cognitiva.
  • Aprosodia: alteración en la utilización del lenguaje afectivo.
  • Alexitimia: incapacidad para identificar y expresar las emociones y sentimientos.
  • Rigidez afectiva: pérdida de la habilidad para regular y modificar las emociones.
  • Ambivalencia: experimentación simultánea de emociones contrarias sobre un mismo objeto o fenómeno.
  • Neotimia: sentimiento de nueva aparición que el paciente no puede reconocerlo dado que no lo ha experimentado anteriormente.
  • Apatía: falta de motivación, ausencia de ganas por hacer cosas e indiferencia ante los estímulos.
  • Abulia: incapacidad para realizar cualquier acción de forma voluntaria, falta de energía para responder conductualmente.
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Ariadna Colomar
Estudiante del Grado de Psicología por la Universidad de Barcelona.

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