Cómo educar a mi hijo: 4 estilos educativos según la ciencia

Muchos padres nos preguntamos si el hecho de consentir a un niño puede tener consecuencias negativas para su desarrollo y bienestar. Muchas veces con la intención de dar la mejor educación restamos importancia a los aspectos afectivos como son: las caricias, abrazos, besos, las palabras cariñosas o los halagos.

Los estudios en la materia proponen que hay dos factores importantes que tienen una relevante implicación en la educación de los niños: el control y el afecto. ¿Cómo podemos combinarlos para que el resultado en la educación sea óptimo?

Control

El control es un sistema de normas que se establecen en las familias mediante cuales las expectativas son claras y las consecuencias son previsibles (ésta es la forma deseada aunque no siempre es así). Las consecuencias pueden ser positivas si el niño cumple con las expectativas (reforzamiento positivo) o negativas si el niño se desvía de la norma (reforzamiento negativo, castigos).

Afecto

Por afecto entendemos una relación que se establece con el niño en la cual el padre cubre las necesidades del niño, le ofrece apoyo, le acaricia y abraza con frecuencia y le asegura todo el cariño. Tal como describe Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional (Goleman, 1996) “no hay nada que motive más que el amor”.

En los estudios realizados por Diana Baumrind en los años 1971-1978 la investigadora observa que los comportamientos de los niños dependen en gran medida del estilo educativo que practican los padres.

Los estilos educativos son pautas de comportamiento y actitudes que mantienen los padres educando a sus hijos. Son formas constantes de responder a las necesidades y exigencias de los hijos.

Las observaciones descritas por esta autora han sido confirmadas por investigaciones recientes y se considera que en función de los dos factores descritos arriba (control y afecto) pueden resultar cuatro estilos educativos:

Estilo educativo autoritario

estilo educativo autoritario

Los padres imponen muchas normas para controlar el comportamiento de los niños demostrando poco afecto. Los padres valoran mucho la disciplina y piden obediencia. Suelen ser padres que difícilmente responden a las necesidades del niño, utilizan la autoridad y establecen normas estrictas.

Este estilo educativo deja poco sitio a la autonomía, limita las respuestas e iniciativas del niño. Los padres no permiten que el niño participe en toma de decisiones familiares y es muy probable que se utilicen los castigos físicos en la educación.

Consecuencias

Los estudios demuestran que los niños que provienen de hogares autoritarios tienden a ser más conflictivos, irascibles, desconfiados, descontentos, y también tienden a presentar problemas de autoestima.

Suelen interiorizar las normas sociales pero la competencia social suele ser baja y utilizan estrategias poco adecuadas para afrontar los conflictos interpersonales. Suelen tener dificultades de adaptación e integridad en el ámbito escolar y sus resultados académicos suelen ser bajos.

Este estilo educativo es un factor de riesgo en la aparición de los problemas de comportamiento. La utilización excesiva de los castigos físicos aumentan la probabilidad de que los adolescentes se impliquen en conductas delictivas.

Estilo educativo negligente

estilo educativo negligente

Los padres tienen limitado el tiempo dedicado a las actividades parentales y la mayor parte del tiempo se centran en sus propios intereses. Tanto el control como la atención a las necesidades del hijo están limitados. Ofrecen poco apoyo y afecto, y establecen pocos límites.

Consecuencias

Los niños que han recibido una educación así suelen tener habilidades sociales pobres, problemas de comportamiento y agresividad.

Otras consecuencias de este estilo educativo pueden ser los problemas de ansiedad y depresión, así como la autoestima baja y la falta de empatía. Las experiencias infantiles de negligencia y maltrato se asocian al comportamiento antisocial y delincuente en la etapa de la adolescencia.

Estilo educativo permisivo

estilo educativo permisivo

Se caracteriza por ser un estilo mediante el cual los padres ofrecen mucho afecto y están muy atentos a las necesidades de sus hijos pero establecen pocos límites y tienen las exigencias muy bajas.

Evitan imponer reglas y permiten al niño regular su propio comportamiento. Los padres son tolerantes hacia un gran número de conductas y evitan los castigos. Se consideran padres no-convencionales, sensibles y cariñosos, ofreciendo una gran libertad de acción.

Consecuencias

Los adolescentes que provienen de hogares permisivos no suelen interiorizar las normas sociales, tienen problemas para controlar la impulsividad, no toleran la frustración, presentan problemas de autorregulación emocional y tienen dificultades escolares. De forma paradójica se ha encontrado que estos jóvenes tienen una autoestima elevada y una autoconfianza mayor.

Se ha encontrado también que estos jóvenes están más predispuestos para el consumo de drogas (alcohol, tabaco, drogas).

Estilo educativo democrático

estilo educativo democratico

Los padres que emplean este estilo educativo son muy atentos a las necesidades de sus hijos y les ofrecen mucho cariño, y también tienen los límites bien establecidas y exigencias adaptadas a las capacidades madurativas del niño.

Estos padres demuestran respeto hacia sus hijos, les ofrece el apoyo necesario y estimulan su autonomía. Se establecen normas y límites claros con consecuencias contingentes (se premian los comportamientos adecuados, se aprecian los esfuerzos del menor, y se corrigen los comportamientos indeseados). Son padres que orientan a sus hijos, establecen compromisos y respetan las decisiones, intereses y opiniones del menor.

Son cariñosos, receptivos, explican y razonan las decisiones tomadas. Piden un comportamiento adecuado y se mantienen firmes con las normas.

Consecuencias

Los niños que son educados bajo estas premisas suelen ser niños enérgicos, con autoconfianza y autoestima elevados, competentes y maduros, empáticos, altruistas, presentando un buen estado emocional y buenos resultados académicos.

Estos niños tienden a ser más seguros de sí mismos, más asertivos, con mayor autocontrol, exploran más y experimentan mayor bienestar emocional. Una adecuada combinación del control y afecto llevan a tener niños sanos y felices, y ayuda a formarles un apego seguro.

Los estudios demuestran que: tanto la permisividad elevada, como una autoridad mayor pueden producir efectos no deseados en el desarrollo del niño.

Hay que tener en cuenta que las relaciones entre los padres e hijos se establecen de forma individual, es decir la madre puede tener una relación con su hija diferente de la del padre y aplicar estilos educativos diferentes, pero por lo general sus formas de educar suele coincidir.

Los abuelos suelen ser más permisivos y consentir más a un nieto, pero esto no suele representar un problema si los padres asientan una buena base. Es conveniente tener un consenso en la educación y comunicar las expectativas en cada relación, sin olvidar que somos diferentes, tenemos opiniones distintas y formas propias de abordar las situaciones.

Con lo que, si se consideran estas diferencias, se aprecia la diversidad y respeta la individualidad de cada miembro o participante en la labor educativa, los resultados suelen satisfacer a cada una de las partes implicadas y fortalece el compromiso hacia las metas comunes.

El estilo educativo se relaciona con el tipo de apego, tiene consecuencia en la identidad personal y condiciona las futuras relaciones del hijo. En conclusión, consentir a un niño es deseado si se combina con unas normas y exigencias adaptadas a su nivel madurativo. Un hijo consentido es un niño feliz.

Referencias:

Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós.

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