El consumo de drogas en la adolescencia

El consumo de drogas entre los adolescentes se ha disparado en los últimos años. Entre las drogas más consumidas, está el alcohol, tabaco, marihuana y cocaína. 

El tabaco es la sustancia más utilizada en la mayoría de la población adolescente, seguido del alcohol.

La forma y el lugar de consumo son las que determinan los riesgos que conlleva. El consumo de las drogas en la adolescencia empieza por un acercamiento a un consumo lúdico. Después vendrá la adicción o un consumo habitual y finalmente la dependencia.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) estima que unos 205 millones de personas consumen algún tipo de droga. La más común es el cannabis, la cocaína y los opioides.

La media del consumo de tóxicos de jóvenes europeos se sitúa en un 2,7%. En España esta tasa se encuentra en un 3,7% y una de cada 5 personas entre 15 y 34 años dicen haber tomado cannabis en el último año.

La utilización de drogas es más común entre los hombres que entre las mujeres. Mucho más aún que el hábito de fumar cigarrillos y el consumo de alcohol.

La edad en la que los jóvenes comienzan a consumir alcohol se da entre los 12-13 años aproximadamente. Es en esta edad cuando se generan salidas nocturnas y donde sus grupos de iguales consumen alcohol. Para ser aceptado por sus iguales, el adolescente también se hace consumidor.

Primero se comienza por sustancias como el tabaco y el alcohol. Más tarde se pasará a otras sustancias más potentes y adictivas.

Factores que influyen en el consumo de drogas  por los adolescentes

Son muchos los factores que llevan a los adolescentes a consumir este tipo de sustancias. Puede tratarse de factores de tipo social-demográfico, psicológico, personal o familiar.

Factores personales

Son los rasgos de personalidad y su temperamento individual los que predisponen a un adolescente a consumir drogas.

Factores familiares

Que los padres rechacen a sus hijos. Exceso o poco control por parte de los padres. Divorcios conflictivos. Ambiente de familias desestructuradas con antecedentes de consumo de drogas. Todos estos factores actúan como detonante para que el adolescente tenga una baja autoestima y un bajo rendimiento escolar.

Hay que añadir también a la poca o nula motivación por las tareas escolares, produciéndose un abandono escolar. Todo esto conduce a que los adolescentes se acerquen más al consumo de drogas como una salida a sus problemas emocionales, afectivos y comportamentales.

Factores de tipo social-demográfico

Como bien sabemos, es muy importante el entorno demográfico, es decir, dónde resida el adolescente. Todo ello genera unas circunstancias que pueden influir en el consumo de drogas.

Muchos adolescentes provienen de barrios marginales donde tienen continuamente drogas a su alcance. También están acostumbrados a ver cómo otra gente consume, tanto en su grupo de amigos como en su entorno familiar. Todo esto hace que vean el consumo de drogas como algo normal y habitual.

Los niños son como esponjas, todo lo absorben, tanto lo bueno como lo malo. También tienden a la imitación. La figura del adulto se convierte en la guía de su conducta y forma de interactuar con el medio.

Un niño criado en un barrio marginal tiende a tener unas tasas más elevadas de consumo.

Los colectivos de clase social alta también están en riesgo de consumo de drogas. Se trata de adolescentes que por su estatus económico quieren tener nuevas experiencias. Para ellos el ¨no», no esta permitido y la droga fluye en estos entornos donde el dinero lo puede todo.

En este caso los padres también tienen mucho que ver en la educación de sus hijos. Hablamos de un tipo de padre que es permisivo, consintiendo todo desde bien pequeños. Esto no ha hecho otra cosa que malcriarlos. En muchos casos el niño recibe una paga semanal para sus propios gastos. Se convierten en los administradores de su propio dinero. Los padres propician en este sentido el consumo de las drogas.

Respecto a la percepción de riesgo existe una diferencia entre ambos sexos. Las mujeres son más conscientes de los riesgos de un consumo abusivo de las drogas pero tienen menor tendencia a consumir. Los chicos, por el contrario, asumen ese riesgos y tienden a ser más lanzados e impulsivos.

cannabis

El tipo de educación influye en el consumo de drogas en los adolescentes

En lo que respecta al punto de vista educativo y psicológico, encontramos distintos tipos de familias y estilos educativos:

Carácter Autoritario

Los padres ejercen un control férreo sobre sus hijos mediante la afirmación y poder («esto se hace así porque yo lo digo»). La comunicación es escasa y ejercen una alta presión sobre sus hijos para que asuman responsabilidades. Además no suelen expresar abiertamente afecto hacia sus hijos. Su estilo educativo es inflexible y esto genera carencias afectivo-emocionales y educacionales.

Estos padres suelen criar a niños obedientes, pero también dependientes, culpables, deprimidos y poco alegres o espontáneos.

Los niños suelen tener una baja autoestima y son vulnerables a la tensión. A nivel psicológico tienen deficiencias de afecto y autoestima. Como consecuencia de ello tienen una mayor vulnerabilidad a caer en el consumo de drogas

Estilo permisivo

Los padres ejercen un control sobre sus hijos escaso. La comunicación a veces es buena y otras excesiva. Tratan a los hijos como iguales haciéndoles cómplices de confesiones que no se adecuan para su edad.

Suelen ser demasiado afectuosos y no plantean a sus hijos tareas acordes a su edad. No plantean límites

Atendiendo al perfil psicológico de estos niños, suelen tener problemas para las interacciones sociales. No cumplen normas de comportamiento y son poco persistentes y descontrolados. Tienen muchas dificultades de autocontrol para asumir responsabilidades, así como una moral baja.

Si bien es cierto, suelen ser mas alegres que los criados en un ambiente autoritario. Sin embargo, la falta de control genera una baja autoestima a la larga.

Cuando crecen se convierten en adolescentes conflictivos que transgreden las normas sociales y buscan nuevas experiencias. Esto hace que sean propensos a experimentar con drogas potentes. Les gusta probar o experimentar límites apartados de las normas sociales preestablecidas.

Estilo negligente

Los padres tienen una baja exigencia. Suelen abdicar de las responsabilidades familiares y educativas, donde tienden a desatender a los hijos. Además también muestran una falta de sensibilidad y se implican muy poco en la educación de los hijos.

Respecto al perfil psicológico del adolescente, éstos muestran un escaso sentido del esfuerzo personal. Como resultado obtienen pocos logros en la escuela. Desarrollan un auto-concepto negativo así como pocas muestras de auto-confianza hacia los demás.

Este tipo de perfil tiende a tener una mayor predisposición a padecer trastornos psicológicos y desviaciones de conducta. Suelen ser jóvenes más propensos a adentrarse en el consumo de drogas para sus problemas emocionales y conductuales.

Estilo democrático

Suelen ser padres con un elevado control, pero flexibles, dando explicaciones a sus hijos acordes con su edad. Además son padres afectuosos que permiten a sus hijos asumir responsabilidades.

La comunicación familiar es buena. Se trata de padres preocupados que ayudan a sus hijos en la toma de responsabilidades.

Desde un punto de vista psicológico, se trata de niños con buenos niveles de autocontrol y autoestima. Son competentes socialmente y capaces de persistir en tareas. Además son niños independientes pero cariñosos y con una moralidad propia de la edad.

Suelen ser muy pocos o escasos los que suelen caer en el consumo de drogas. Suelen escoger a amigos o grupos de iguales similares a ellos, donde no se dejan influenciar por los demás.

Tienen un perfil bastante bien definido con unos objetivos enriquecedores. Suelen apartarse de personas perjudiciales para el estilo al que están acostumbrados.

Síntomas de alarma y problematización por el consumo
 de drogas

Consumir drogas en la adolescencia incrementa los niveles de dependencia hasta llegar a convertirse en problemas de drogadicción.

¿Cómo se genera el problema de adicción y qué síntomas de alarma nos hacen sospechar?

Todo consumo consiste en un grupo de síntomas fisiológicos, psicológicos y comportamentales que comportan la dependencia a dicha sustancia.

Trastornos fisiológicos:

  • Convulsiones,
  • Cambio del ritmo cardíaco
  • Deterioro del sistema nervioso central

Trastornos psicológicos:

  • Alucinaciones
  • Tendencias paranoicas
  • Depresión
  • Neurosis
  • Deterioro y debilitamiento de la voluntad

cocaina

Consecuencias de tipo social:

Puede ser partícipe de agresiones o conflictos violentos por la pérdida de asertividad llegar a delinquir o cometer actos violentos como robos e incluso asesinatos.

Deterioro en las relaciones personales. La persona no es capaz de mantener su estabilidad ni vínculos saludables con sus seres queridos. En ocasiones roba y hace lo posible por conseguir droga e incluso a través del engaño. Como consecuencia, las personas de su círculo cercano desconfíen de él y sus relaciones de tipo social-afectivo se debilitan.

Bajo rendimiento en la escuela. Es capaz de abandonar metas y objetivos recurriendo a la droga cómo su salvación.

Economía resentida: Suele vender sus pertenencias con el objetivo de consumir droga.

Cuando algunos de estos factores intervienen es cuando debemos pedir ayuda psicológica. No debemos olvidar que el proceso de abandono requiere de diferentes pasos.

Cómo hablar del consumo de drogas con tus hijos

Algunos padres no se preocupan de informarse sobre el consumo de drogas. Sencillamente imponen un no, sin fundamento alguno, que los jóvenes detectan y rechazan.

Los padres deben conseguir información adecuada y adaptar sus explicaciones a la edad de sus hijos. Pueden introducir el tema de una manera que no quede forzada a partir de una noticia vista en televisión o una noticia del periodico.

Muchas veces, los padres esperan encontrar un momento ideal y un ambiente propicio para hablar con sus hijos del tema de las drogas. Pero muchas veces, este momento ideal no llega nunca. Hay que decidirse a dar el paso. No perdamos oportunidades de hacerlo. Se trata de una inversión para el futuro. Hablar siempre que se pueda, aunque las condiciones no sean óptimas.

Las primeras informaciones que nuestros hijos reciben sobre las drogas acostumbran a ser incompletas y confusas.

Hay que proporcionarles información seria, contrastada, que no reproduzca los tópicos, sin exageraciones ni falsas moralinas. Dialogar no es sólo hablar, sino mostrar interés y crear un espacio de comunicación que permita expresar ideas, dudas y preocupaciones. Hay que aprender a escuchar y provocar la conversación para establecer una relación de confianza y complicidad.

¿Qué es lo que no debemos hacer? y ¿Qué podemos promover?

Veamos algunos principios que deberían existir es toda educación pedagógica:

Favorecer el conocimiento y el pensamiento crítico

Invitemos a nuestros hijos a reflexionar, con argumentos sólidos y creíbles. De nada servirá el miedo, decir no porque no, y muy poco servirán las experiencias de los demás.

Estar dispuestos a discutir, negociar y pactar

Sin perder de vista que sin respeto por las normas no puede existir responsabilidad ni libertad.

Es fácil perderse en este punto entre la permisibilidad y la severidad. Nos cuesta decirles no a las cosas que nos piden nuestros hijos y además ellos son especialistas en conseguir lo que quieren. Últimamente hay cada vez más casos de violencia de padres sobre los hijos y de hijos sobre padres.

Fomentar las actitudes reflexivas y prudentes

Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos. Sin embargo los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

Respetar a los amigos de nuestros hijos

Pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos. Hay que aprender a evitar las malas influencias y compañías, desde antes del el noviazgo, ya que esto puede tener graves consecuencias en el seno más íntimo.

joven fumando

¿Qué harías si el novio o novia de vuestra hija o hijo pensarais que podría ser una mala influencia para ella?

Hay que ser objetivos, una cosa es que no nos guste y otra que sea tóxica esa relación.

Debemos esforzarnos por entender qué es lo que les pasa a nuestros hijos y ponernos en su lugar. Tenemos que descubrir qué es lo que piensan y qué sienten para stablecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno.

Al mismo tiempo debemos saber ser  flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores. Establezcamos con nuestros hijos un vínculo afectivo, demostrándoles que les queremos y que pueden contar con nosotros.

En la adolescencia la relación se transforma: perdemos la seguridad, nos parece que nuestros métodos educativos ya no sirven. Conviene seguir con nuestro propio proceso de aprendizaje y adaptar nuestras ideas a la nueva situación.

En el inicio de la adolescencia, el consumo de drogas puede aparecer de manera habitual en las conversaciones de los jóvenes a pesar de que el consumo sea todavía minoritario.

A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias. Es necesario huir del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de los jóvenes (“mis padres exageran, no hay para tanto”).

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante intentar no frivolizar con el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo y directo que sea efectivo para alertar de los riesgos de las drogas.

La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

Evitemos

Interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos jóvenes, qué peligros ven en ello).

Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad. No debemos desautorizarles o culpabilizarles de forma permanente con un juicio que fácilmente puede girársenos en contra.

La labor de los padres pasa por la comunicación y la disposición para acompañarles a conseguir autonomía y responsabilidad.

No olvidemos que no siempre los padres podemos evitar que los adolescentes prueben las drogas.  Nuestro apoyo les puede proporcionar recursos para resistir mejor la presión del entorno.

Procuremos

Evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles. Escuchar y preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones.

Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos, pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables.Valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

Transmitir valores, normas y límites. Hemos de ofrecerles lo que necesitan (que no siempre sea lo mismo que piden). Salidas, horarios, tareas pendientes, implican compromiso y responsabilidad, a veces pueden pactarse y en algunos casos deben ser innegociables.

Reconocer su capacidad para tomar decisiones. El objetivo de la enseñanza es que chicos y chicas sean autónomos y responsables.

No podemos estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas. Tampoco podemos inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

La comunicación ha de estar siempre abierta. Sin embargo hemos de entender que no siempre nuestro hijo nos explicará lo que le ocurre. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente.

A menudo la coherencia en nuestras acciones es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él. Debemos encontrar el momento adecuado para conocer las razones que le han llevado hasta allí. Conocer si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

chica cogiendo porro

Es necesario comprobar que conoce las precauciones que de tomar siempre, y aquello que deberá evitar si experimenta de nuevo situaciones de riesgo. Una mala experiencia puede ser positiva si saben sacarse conclusiones de la misma. Tenemos que hablar del tema del consumo de drogas tranquilamente y sin dejarnos llevar por la urgencia, la rabia o la angustia.

Es mejor dejar pasar el primer momento de mayor alteración y crear un clima de verdadero diálogo, sin “víctimas” ni “culpables”.

Ofrecerse, de manera colaboradora y reflexiva, con preocupación, pero sin violencia. Haciendo el detective o persiguiendo a nuestro hijo sólo vamos a conseguir que se distancie de nosotros.

Hay que valorar cuál es la conducta general de nuestro hijo, qué cosas le interesan y cómo se relaciona con sus amigos. Busquemos caminos prácticos para acceder al mundo en el que viven. Sin olvidar que todo esto es aplicable al mundo de adicciones sin sustancia.

10 preguntas para comenzar una conversación sobre drogas con tus hijos

  1. ¿Cuando sales, te ofrecen drogas? ¿Quién te las ofrece?
  2. (A raíz de una noticia o de un programa de TV) Con tus amigos del instituto, ¿habláis de drogas? ¿Os han dado alguna charla últimamente?
  3. Por televisión han dicho que cada vez hay más chicos y chicas que fuman al salir de clase.
  4. ¿En tu escuela también? ¿Qué te parece?
  5. ¿Tienes amigos que ya fuman? Empiezas a probar porque queda bien ¿y después qué?
  6. Otra vez noticias de accidentes de coche a causa del alcohol. A mí me preocupa cuando sales de noche… ¿Lo tenéis en cuenta?
  7. Realmente la ley del tabaco está bien. Al menos las personas que no fuman no tienen que tragarse el humo de los demás. ¿Tú qué opinas?
  8. Muchas veces las noticias que tratan de los jóvenes se relacionan con las drogas, el botellón… ¡Pero la juventud son muchas más cosas! ¿Tú qué dices?
  9. El otro día salimos por la noche con tu padre y vimos a mucha gente” pasada de vueltas”. ¿Cuándo vosotros salís también hay ese ambiente?
  10. ¿Crees que hay personas a las que no les afectan las drogas? Cuando todos tus amigos están de acuerdo en hacer algo y a ti no te apetece, ¿qué haces?

Educar es ayudar a comprender los cambios, descubrir emociones y sentimientos sin dejar que nos desborden. Las explicaciones de las normas, la negociación y el pacto nos ayudarán a establecer un clima de confianza. Ánimo en el arte de educar.

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Redacción
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5 comentarios en «El consumo de drogas en la adolescencia»

  1. Conocer la teoría es importante sin embargo, creo que la clave para que las estadísticas en el consumo de alcohol y/o cualquier otra droga disminuya es el estableciendo de PROGRAMAS de prevención y tratamiento en adolescentes y sus familias; desde un enfoque comunitario, teniendo como base la psicoeducación para posteriormente si se da el caso plantear la ayuda terapéutica (trabajo multidisciplinario), de eso se trata nuestra vocación.

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  2. Si se dedicasen más recursos a prevención e intervención precoz disminuirian muchisimo los problemas asociados que aparecen más tarde y en los que se gastan grandes cantidades de tiempo, recursos y esfuerzos muchas veces de forma infructuosa

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  3. Podríamos decir entonces que la presión del grupo suele ser uno de los motivos que invitan a que un adolescente ingrese a consumir drogas cierto ok, bueno creo que también es importante destacar la poca influencia de factores protectores como por ejemplo actividades de libre elección que ayudarían a generar hábitos saludables y cambiarlos por otros negativos.

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  4. Los adolescentes, por norma general, tienden a no tener ningun tipo de mesura o control sobre cualquier tipo de sustancia, incluyendo el alcohol como droga legal, tabaco,etc. Lo que en consecuencia hace que su consumo sea irresponsable, abusivo y dañino. Las restricciones legales con respecto al tabaco y al alcohol son positivas pero desde luego no evitan el acceso de los adolescentes a estas y a otras drogas peores como cocaina, marihuana, lsd,mdma, extasis, pastillas etc. Precisamente en las drogas no legales existe un mayor consumo por parte de adolescentes ya que al no existir unas normas legales a la hora de acceder a ellas la o las personas que se lo facilitan no tienen reparo alguno en vender las cantidades que sea a un menor, de la edad que sea.
    La marihuana, a decir verdad, es una de las drogas que menor dependencia fisica genera, practicamente nula, el consumo en un adulto con una personalidad y mentalidad formada puede ser mas facilmente controlado por el usuario de esta droga y tener mayor responsabilidad sobre esta, cosa que un adolescente, por norma general…repito, tiende a no tener con nada.

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  5. Todos podemos caer en una adicción y lo único que conviene es que tengamos fuerza para luego poder salir de ella. Conviene ver cuáles son las causa que provocan la adicción y sus posteriores consecuencias y hacerlo ver al adicto. La ignorancia nos disimula el problema. Nada somos solos pero el apoyo de muchos y más cuando quien te apoya es un ser querido te puede dar las fuerzas suficientes para salir del laberinto en el que te hallas con la adicción
    La adolescencia es la edad en la que los jóvenes creen ser más inteligentes, más poderosos, más preparados cuando en realidad son los más inexpertos, los mas influenciables y los más requeridos de comprensión y cariño

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