La sociedad del rendimiento: la sensación de no ir a ninguna parte

Según explica Byung-Chul Han(2012) en su obra «La sociedad del cansancio», en nuestro siglo surge una nueva sociedad de rendimiento compuesta de gimnasios, torres de oficina, laboratorios genéticos, bancos y grandes centros comerciales. El individuo ha sobrevenido un individuo “del rendimiento”.

Este  filósofo alemán  ya advierte de los peligros que supone vivir bajo el culto de la producción y el rendimiento. El mal propio de nuestra época es el cansancio. Este cansancio se deriva de la sensación y la creencia impuesta de poder con todo: “yo puedo”, o mejor dicho “ yo debo..”, “yo debo estar a la altura”, “ yo debo ser el mejor”, “yo debo conseguirlo”, etc.

Uno acaba siendo un esclavo,  en un estado de extremada violencia contra sí mismo, víctima de un sistema que nos lleva a la auto explotación , a seguir exigiéndonos cada vez más, y nos lleva a la conclusión que nunca nada es suficiente.

Las empresas y la sociedad nos imponen sutilmente unas metas que nos esforzamos en alcanzar, pero somos nosotros mismos quienes nos exigimos, en un estado de constante demanda, llegar a lo establecido.

“El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado.”(Byung-Chul Han)

La prioridad es estar activo, atender diversos frentes a la vez, realizar jornadas interminables que nunca nos dejan la sensación de ser lo suficientemente productivos, y alcanzar estándares de calidad, a menudo muy por encima de nuestras posibilidades reales.

Vivimos deprisa, atendemos a una elevada cantidad de estímulos sin profundizar en ninguno, nos aislamos porque no hay tiempo para todo, no paramos ni un momento porque el solo hecho de no hacer nada es visto como negativo.

Detrás de  la creencia de que somos capaces de todo, que con esfuerzo todo podemos conseguirlo y que podemos llegar a lo más alto, se esconde la otra cara de la moneda y sus peligros: si no consigues lo que quieres entras en un destructivo reproche, todo depende de ti, de tu voluntad y de tu esfuerzo.

El resultado de estar en permanente alerta y en estado de búsqueda es la proliferación de síntomas y enfermedades como la  dispersión de la atención, la agitación permanente, la ansiedad, el estrés, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o el síndrome del burn-out.

Así, la sociedad del rendimiento y la producción crea individuos ansiosos, deprimidos, frustrados y fracasados. Se generaliza la sensación global de no ir a ninguna parte, de repetir un día igual que el otro, porque la motivación ha desaparecido. El estrés parece envolver todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, incluidos los que deberían ser de descanso y relax, y el consumismo aparece como la vía de escapar del vacío existencial que se impone.

Pero el problema no debe buscarse en cada caso particular, sino en la sociedad global en la que vivimos, la cultura y los modos de vida inculcados que nos generan un modo de pensar y vivir característicos.

La libertad aparente es solo una ilusión, porque las elecciones ya nos vienen impuestas sutilmente, no hay vacilación, ni la posibilidad de decir que no.

Contra la actividad continuada y las multitareas, la agitación permanente, la falta de análisis y de profundización en las cosas, la contrapartida debe ser la contemplación, la calma, la vuelta a las cosas hechas con cariño y disfrutar del camino, no del resultado. Conseguir atender lo que estás haciendo en cada momento con los cinco sentidos, enfocando toda tu atención en un solo estimulo y sin que tu mente se disperse en lo siguiente que debes realizar.

Trabajar mejor, en lugar de más, considerar las propias capacidades sin comparaciones y valorar las cosas con distancia. Mirar con calma, con paciencia, tomándose tiempo para reflexionar, volviendo a reírte de las pequeñas cosas, porque son en realidad las más grandes.

¿Incompatible con la sociedad actual?

BIBLIOGRAFIA:

Byung-Chul Han, H(2012). La sociedad del cansancio.  Ed: Herder.

Lidia Albareda
Lidia Albareda
Grado en psicologia por la Universidad Oberta de Catalunya.

2 comentarios en «La sociedad del rendimiento: la sensación de no ir a ninguna parte»

  1. Antes que todo, muchísimas gracias estimada, por su resumen tan simple de comprender para quienes no manejan el lenguaje con que muchos filósofos expresan sus ideas y reflexiones. Y sumar a ello, la importancia de los procesos de autoconocimiento, y de mutuo conocimiento en los grupos y colectivos. Pieza clave para poder entrar en la esfera de lo que realmente necesitamos, podemos y queremos hacer, basado en nuestras necesidades y maneras de satisfacerlas, con las capacidades y limitaciones existentes, el cómo nos complementamos con otros, y el sentido y valor que cada una de esas acciones, actividades juegan en nuestra vida. Siento que dentro de este «darle vuelta» al sistema de superrendimiento, clave es la educación, pero no la concebida como la educación académica pro productividad, sino, aquella educación transversal, popular, que valide cada existencia humana como digna de ser y existir, y donde se abogue a la apropiación de nuestras subjetividades, y mundos internos. Realmente es un nuevo cambio de paradigma de vida, Biocéntrico, lo que necesitamos para frenar esta «Pandemia social». Muchas gracias!

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  2. este señor tiene mucha razón pues vivimos tan metidos en todo que no tenemos tiempo para disfrutar lo que temernos vivir en cada paso que damos es encontrar el sabor a la existencia

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