Cómo encontrar un terapeuta adecuado a tus necesidades

Hoy en día, en los tiempos que vivimos, si le preguntásemos a la gente si cree que es fácil elegir a un buen psicólogo, seguramente la inmensa mayoría dijeran que sí.

La sensación es que en la “era de la información” tenemos acceso a un sinfín de perfiles de profesionales y servicios en general entre los que elegir. No obstante, este apelativo está cambiando con la otra cara de la moneda, la ‘era de la desinformación’ que, a priori, parece que ha llegado para quedarse.

De hecho, en tiempos de pandemia (y en tiempos convulsos en general) está comprobado que por Internet circulan cantidades ingentes de ‘fake news’ (noticias falsas), que terminan provocando más dudas que certezas. 

Esto mismo ocurre cuando una persona te dice que encontrar al terapeuta adecuado es fácil, que hay miles entre los que elegir y todos están a un ‘click’ o a un ‘ring’ de distancia. Ocurre algo similar a cuando acudimos a un restaurante, ¿no resulta infinitamente más difícil decidir qué vas a comer cuando la oferta gastronómica es tan amplia que abruma?

Qué fácil sería que nos acotaran esa decisión, o esa búsqueda, volviendo a lo que nos ocupa. Ese es el objetivo de estas líneas, servir como herramienta para cribar, filtrar y que el camino a la búsqueda del buen terapeuta se allane de manera considerable.  

Cómo encontrar a un buen terapeuta

¿Alguna vez has jugado al “Quién es Quién”? Ese juego en el que al final sólo podía quedar un personaje en pie, el resto eran descartados a medida que el contrario te hacía preguntas. Pues imagina tu propio tablero y, a medida que lees este artículo, ve descartando hasta que sólo queden las mejores opciones. 

Hay diferentes vías para buscar a un terapeuta adecuado a las necesidades de cada persona.

2 grandes alternativas

Las dos grandes alternativas son internet o el boca-oreja. Si bien la segunda opción conlleva ventajas porque te han recomendado a ese psicólogo y esto te transmite confianza: “si le ha ayudado a él, ¿por qué no va a poder ayudarme a mí?”, no se riñe con la primera.

Es decir, un buen psicólogo también suele estar bien posicionado en redes, de tal manera que esas recomendaciones también existan en formato reseña y puedas acceder también a información objetiva respecto al servicio que ofrece.  

Además, en psicoterapia existen diferentes modelos desde los que un psicólogo puede trabajar. Algunos de ellos están validados empíricamente o, lo que es lo mismo, se ha estudiado que la metodología que emplean es fiable.

Sin embargo, otros no lo son tanto. Además, también hay un creciente intrusismo en esta área de salud mental que es la psicología, existiendo quienes ofrecen terapia sin tener la formación necesaria y adecuada para hacerlo. 

Con todo esto y con la intención de aclarar y no de confundir más a quienes lean este artículo, a continuación, estableceré qué premisas son fundamentales para elegir a un psicólogo adecuado para ti y cómo saber si hemos de seguir escogiéndolo a lo largo del tratamiento: 

10 pautas para encontrar un psicólogo adecuado

1. En primer lugar, debes saber si el terapeuta está habilitado para ejercer como profesional de la psicología.

En este sentido, es necesario conocer la diferencia entre un terapeuta, un psicoterapeuta y un psicólogo.

Un terapeuta puede trabajar con la mente, con el cuerpo, con la energía, etc. a diferencia de los psicoterapeutas y los psicólogos, que trabajan con los comportamientos y las emociones y los pensamientos.

Es decir, tienen una perspectiva de tratamiento psicológico. Lo que diferencia a ambos es la formación.

Un psicólogo necesariamente tendrá la carrera de psicología, habilitación para el ejercicio sanitario y un número de colegiado, mientras que un psicoterapeuta puede haber estudiado otra rama de la salud mental como la medicina y haberse formado posteriormente como psicoterapeuta.

Ambos trabajan los mismos problemas, pero los psicólogos (con o sin formación añadida en psicoterapia) son un valor seguro en lo que atañe al tratamiento de problemas como la ansiedad o la depresión, al emplear recursos cuya validez ha sido testada empíricamente y tener una formación en salud mental más extensa. 

2. Decide, a priori, qué corriente psicológica se amolda más a ti y si está avalada por la ciencia.

No es lo mismo acudir a un psicoanalista que a un psicólogo de corte conductual. El modelo más habitual que encontrarás ofertado será el cognitivo-conductual, lo cual es positivo porque tiene un gran respaldo a nivel mundial.

También es interesante que la perspectiva del psicólogo o del psicoterapeuta sea integradora y que, lejos de adaptar al paciente a las técnicas con las que él se siente más familiarizado, adapte su modo de intervenir en función de cada caso.

Es importante la idiosincrasia de quien acude a consulta: algunos terapeutas afirman que “si ya has visto a un adicto has visto a todos”, y es verdad que hay patrones muy similares entre quienes padecen éste u otros problemas, pero es una visión reduccionista de la recuperación. 

3. Busca referencias en Internet y dedica un tiempo a navegar por sus redes sociales profesionales o página web.

En caso de que no disponga de ellas, pero sí tengas su contacto, pregúntale todo aquello que necesites saber previamente a elegirle como terapeuta: formación, tarifas, metodología, etc.

No te cortes, al fin y al cabo, tu mejoría está en juego. También es fundamental que te sepa explicar con claridad cómo se desarrollarán las sesiones y el tratamiento en general, siempre teniendo en cuenta que hay factores que no se pueden ni se deben controlar. Y es que cada maestrillo tiene su librillo, pero has de leer al menos el prólogo para saber si te interesa empezarlo y dedicarle tu tiempo a su lectura. 

4. ¿Tienes identificado cuál es tu problema? Puedes buscar a alguien que esté especializado en tu problemática.

No obstante, no debes obsesionarte, ya que la formación en psicología clínica y psicoterapia proporciona generalmente un bagaje que permite tratar cualquier problema. Aun así, si te hace sentir mayor confianza, puedes interesarte por qué dificultades concretas suele abordar o en cuáles tiene más experiencia.  

5. ¿Qué forma de hacer terapia se amolda más a ti? Elige hacer terapia online o presencial.

En la actualidad, la inmensa mayoría de los terapeutas ofrecen ambos servicios, sobre todo a raíz de la pandemia mundial derivada de la Covid-19.

En tal caso, has de conocer las ventajas e inconvenientes de ambas modalidades.

Las ventajas de la terapia online son claras: es más económico y accesible. Sin embargo, hay personas que se sienten más cómodas, (especialmente durante las primeras sesiones mientras se forja el vínculo terapéutico), acudiendo a la consulta en persona, a pesar de tener que desplazarse.

Esta opción es la más común y tiene la ventaja de facilitar la expresión emocional y tener un espacio seguro al que dar un lugar importante fuera de tu casa, sin distracciones.  

6. Es normal tener dudas respecto al terapeuta elegido o, incluso, no estar seguro de dar este paso.

Aun así, es importante que lo hagas porque estás motivado y no por obligación y confíes en el profesional que tienes en frente.

Se dice que sólo hace falta un psicólogo para cambiar una bombilla, pero… partimos de la base de que la bombilla ha de querer cambiar. Cuando acudimos al médico especialista en traumatología porque nos hemos dado un fuerte golpe, creemos casi ciegamente en las pautas que nos aconseja.

Sin embargo, nos cuesta mucho más tomar la decisión de ir al psicólogo por un malestar emocional, porque pensamos que “siempre podemos un poquito más” y una vez que lo hacemos (a veces) cuestionamos su trabajo.

Es bueno preguntar acerca de las dudas que nos pueden surgir antes, durante y después del proceso de terapia, pero también lo es dejarnos llevar y confiar.

No todo en psicoterapia es explícito y hay muchos mecanismos internos que se van forjando sesión tras sesión, haciéndonos mejorar sin darnos cuenta o después de un tiempo. No tengas prisa, los resultados llegarán más pronto que tarde. 

7. De vez en cuando surgen terapias alternativas que no tienen rigor científico.

Cantidad no es igual a calidad, y en cualquier caso debemos priorizar lo segundo y no dejarnos llevar por eslóganes impactantes, colores llamativos y nombres pomposos que sean puro marketing y poco más.

Es peligroso probar estrategias vendidas como milagrosas. La realidad es tan diferente que, aunque sea duro decirlo, implica un esfuerzo por parte del paciente para mejorar y no siempre se ven resultados a corto plazo. Quien te diga lo contrario puede que mire más por su bolsillo que por tu avance. 

8. Existen diferentes técnicas psicológicas a disposición del profesional.

Pide a tu terapeuta que te explique cuál es su visión de tu problema y de qué manera vais a abordarlo para cumplir con unos objetivos que sean comunes a ambos, con los que estés de acuerdo y veas necesario trabajar.

Al fin y al cabo, debes preguntarte a dónde quieres llegar tú al ponerte en manos ajenas y visualizar ese escenario final. Algo que pregunto siempre a mis pacientes al final de la primera sesión es lo siguiente: “¿qué es lo que quieres conseguir?”.

De hecho, es el terapeuta el que debe amoldarse al perfil del paciente y no al revés, con una perspectiva integradora y flexible que priorice la mejora. 

9. Hay psicólogos que utilizan la terapia individual, mientras otros pueden proponerte la terapia de grupo, de pareja o incluso familiar.

Dependerá de la problemática y el recorrido terapéutico. Además, durante las sesiones puede surgir el diagnóstico de patrones disfuncionales que pongan de manifiesto la necesidad de tocar otras teclas y es importante saber de antemano que se puede dar esa posibilidad y si estás abierto o no a tomar estas alternativas.  

10. Por último, siento deciros que no existen ni el terapeuta ni el paciente perfectos.

Como en la vida, nuestras decisiones no pueden basarse en el absoluto conocimiento de la materia que tratamos porque es inabarcable.

Hemos de tener en cuenta estas pautas para acotar la vía de encontrar al psicólogo adecuado, sabiendo que la principal clave del éxito está en que el paciente acuda a consulta queriendo mejorar.

La mayoría lo hacen tras varios intentos fallidos, muchas veces tratando de alcanzar el bienestar emocional por su cuenta, sin recurrir a ayuda profesional o tras dar con terapeutas que no se adecuaban a lo que necesitaban.  

Como dijo el reconocido psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908-1970):

«Supongo que es tentador tratar todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo»

Abraham Maslow

Mi consejo: Asegúrate de que tu elección final tenga en su poder la caja de herramientas completa. 
 

Paula Gómez García-Patrón
Paula Gómez García-Patrón
Psicóloga con habilitación para el ejercicio sanitario y Psicoterapeuta de corte integrador. Graduada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Máster Oficial en Psicofarmacología y Drogas de Abuso. Especialista de posgrado en Psicología Clínica cognitivo-conductual. Máster Propio en Psicoterapia con Perspectiva Integradora.

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