La Activación Conductual como Tratamiento para la Depresión

¿En qué consiste la Depresión?

La depresión es la enfermedad psiquiátrica más frecuente y una de las patologías que más incapacidad provoca a nivel mundial.

Todos nos hemos sentido tristes alguna vez, especialmente en los momentos en los que la vida nos da un giro inesperado. No obstante, las personas que padecen depresión no solo están tristes durante un largo período de tiempo, sino que, además, se sienten incapaces de afrontar con éxito su día a día, les aquejan constantemente pensamientos negativos que merman su autoestima y acaban por creerse inútiles e incapaces de seguir con su vida, sufriendo a menudo pensamientos de muerte e incluso ideas de suicidio.

Su estado de ánimo decaído y la desesperanza los empuja a quedarse postrados en la cama, ya que no tienen ganas de nada, su vida carece de sentido y no hay nada que les motive a cambiar su situación.

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde dentro” Frida Kahlo

¿Cómo podemos tratar la Depresión?

El tratamiento para la depresión es de dos tipos, mediante fármacos antidepresivos o psicoterapia, que pueden usarse juntos o separados.

Entre todas las psicoterapias, la que se usa más frecuentemente en el caso de la depresión es la Terapia Cognitivo Conductual, a través de la cual se modifican los pensamientos devastadores y las percepciones tan negativas que tienen de la vida.

Las personas con depresión suelen interpretar la realidad en términos de todo o nada, culpabilizándose a menudo de todo lo que les sucede e interpretándolo de manera catastrofista. Mediante la Terapia Cognitivo Conductual se intenta modificar todas esas creencias por otras más positivas y adaptativas.

Por ejemplo, si un paciente deprimido es rechazado en una oferta laboral, pensará que no sirve para nada, que es inútil y que todo lo hace mal; una manera más adecuada y realista de afrontar la situación sería pensando que habrá otras oportunidades, que de todo se aprende, que quizás ese trabajo no era para él y que hay que seguir intentándolo.

A partir de la modificación de la manera de concebir el mundo, se espera que se produzca también un cambio en las emociones y, por ende, en el estado de ánimo.

Nuevas terapias para la Depresión: La Activación Conductual

Además de la Relajación Progresiva propuesta por Jacobson para la depresión, este mismo autor estableció en 1996 un nuevo tipo de terapia; es la denominada Activación Conductual, e incide en un síntoma en particular, el de la inactividad.

Esta terapia concibe la depresión desde el contexto y la atribuye a una situación o a una serie de circunstancias desencadenantes que, de manera puntual o paulatina, se producen en la vida del paciente y que, en ese momento, resultan demasiado difíciles de afrontar, de manera que el paciente las evita.

Se centra, por tanto, en la modificación del ambiente y de las conductas de evitación que adquiere el paciente.

Estos pacientes pierden el interés por realizar cualquier tipo de actividad, afectando incluso en ocasiones a las actividades más básicas, dado que pierden el apetito y dejan de asearse. Todo aquello que antes despertaba su interés ha perdido su valor. La Activación Conductual pretende recuperar la ilusión olvidada de estos pacientes por todos sus hobbies y actividades cotidianas que daban sentido a su existencia.

La inactividad como fuente de la depresión

Postula que la inactividad alimenta su infelicidad y desesperación, de manera que, rompiendo esta dinámica, lograremos sacar al paciente del círculo vicioso en el que vive inmerso.

Se trata, por lo tanto, de que el paciente vuelva a hacer, de manera progresiva, todas aquellas actividades que le hacían disfrutar: ir de picnic a la playa, realizar una excursión a la montaña, disfrutar de un paseo por el parque, quedar con esa persona que hacía tanto que no veías, tomar algo en una terraza en primavera, disfrutar de los primeros rayos de sol de primavera…

Las actividades que se llevarán a cabo en la terapia se pautan entre paciente y terapeuta en función de los gustos y las preferencias del paciente, haciéndolo partícipe desde el momento inicial de la elección de las actividades que se llevaran a cabo. En este sentido la labor del psicólogo en un caso de depresión es muy importante.

De esta manera, se convierte al paciente en agente activo para el cambio, responsabilizándolo e implicándole en todas las fases. Una vez decididas las tareas, éstas se jerarquizan, en función de lo apetecibles que le resulten y del nivel de dificultad que supongan, empezando siempre por aquellas que resulten más sencillas e incrementando su exigencia de manera paulatina en función de los avances.

Se trata, por tanto, de una terapia individualizada que se amolda a cada paciente en particular.

Por ejemplo, un paciente puede decir que en su día a día, lo que más hacía y disfrutaba era: cocinar, salir a tomar un café con algún amigo e ir a jugar al futbol. Dado su estado actual, puede que el simple hecho de salir de casa le resulte demasiado esfuerzo, lo que una buena manera de empezar sería cocinando, dado que es una actividad que puede realizar sin tener que salir de casa.

El proceso debe de ser progresivo

Gradualmente, y conforme el paciente vaya incorporando poco a poco ésta y otras actividades domésticas, el paciente debería empezar a salir de casa. La primera salida podría ser de un tiempo limitado que se iría incrementando conforme avance la terapia, al igual que la frecuencia de las salidas, en cada una de las cuales podría realizar diferentes actividades, como serían ir a tomar algo con alguien o ir a ver o a jugar algún partido.

El proceso debe ser progresivo, respetando los tiempos de cada persona y ajustándose a las dificultades e imprevistos que vayan surgiendo. No se trata de avasallar al paciente con un montón de planes placenteros, sino de incorporar a su rutina diaria pequeñas actividades que realizaba antes de sufrir la depresión que puedan reconectarle con sus motivaciones y promuevan un estilo de vida más activo, atractivo y apetecible que le permitan volver a encontrarle sentido a la vida.

Reinventar su vida recordando qué era lo que le movía y redescubriendo nuevos motivos por los que luchar y vivir. Reinventarse y revivir.

“Una historia no tiene ni comienzo ni fin: arbitrariamente uno elige el momento de la experiencia desde el cual mira hacia atrás o hacia delante.” Graham Greene

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Ariadna Colomar
Estudiante del Grado de Psicología por la Universidad de Barcelona.

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