Psiconeuroinmunología: Definición y conceptos básicos

El nacimiento de la psiconeuroinmunología

La Psiconeuroinmunología tiene como objeto de estudio las interrelaciones que de forma bidireccional se establecen entre el SN, el sistema endocrino, el sistema inmune y la conducta.

La principal premisa que asume es que el Sistema Nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmune constituyen un único e integrado sistema de defensa, cuyo objetivo es lograr la adaptación del individuo a su medio, lo que garantiza su supervivencia y la de su especie.

Objeto de estudio de la Psiconeuroinmunología.

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Una visión general del sistema inmune

Las respuestas de defensa contra los agentes extraños pueden considerarse una parte esencial de la homeostasis, pues aseguran la integridad del medio interno ante agentes nocivos como bacterias, hongos, virus y parásitos y ante enemigos internos como las células tumorales.

El sistema encargado de desencadenar las respuestas de defensa ante los agentes extraños es el sistema inmune, que se encuentra diseminado por todo el organismo y que permanece en un constante estado de alerta.

Comprende una serie de órganos y tejidos que reciben el nombre de linfoides y que funcionan de forma integrada.

Los órganos linfoides primarios, denominados así por ser órganos donde se originan y diferencian todas las células inmunitarias, son el timo y la médula ósea.
Es en la médula ósea donde se originan no sólo las células inmunitarias que son los glóbulos blancos o leucocitos, sino también el resto de células sanguíneas como los glóbulos rojos o hematíes y las plaquetas.

Las células sanguíneas: las células inmunitarias

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Las células inmunitarias (glóbulos blancos o leucocitos) se clasifican en:

  • –  Linfocitos: son los leucocitos más pequeños y se clasifican principalmente en linfocitos B y linfocitos T.
  • –  Monolitos: son los leucocitos de mayor tamaño y se convierten en macrófagos ante la presencia de un agente extraño al que destruyen por fagocitosis, siendo capaces de enfrentarse a microorganismos de gran tamaño.
  • –  Granulocitos: se clasifican según sus propiedades de coloración en:
  • –  Neutrófilos: son los más numerosos son los neutrófilos y se movilizan ante los primeros síntomas de inflamación y destruyen a las partículas extrañas y los microorganismos, especialmente las bacterias, por fagocitosis.
  • –  Eosinófilos: parecen estar relacionados con las infecciones por parásitos.
  • –  Basófilos: están implicados en la respuesta inflamatoria de los tejidos y en las alergias.Una vez originadas y diferenciadas muchas células inmunitarias abandonan los órganos linfoides primarios y circulan por todo el organismos formando parte de la sangre, alcanzando los tejidos corporales y los órganos linfoides secundarios, entre los que se encuentran el sistema linfático, el bazo, el apéndice, las amígdalas y ciertos tejidos del tubo digestivo y de los pulmones.

Órganos linfoides

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Aunque todos los seres vivos son capaces de detectar y rechazar los agentes extraños, las respuestas de defensa de algunos de ellos, como las plantas, las esponjas o los insectos, constituyen una respuesta inespecífica: no existe un reconocimiento específico de cada uno por separado, sino un reconocimiento global de todos ellos como agentes extraños, por lo que tampoco existe una respuesta específica para cada sino una respuesta que es común para todos.

Aparece por primera vez en los vertebrados un nuevo tipo de respuesta que recibe el nombre de respuesta inmune específica o adaptativa aunque permanece también la respuesta inespecífica.

Existen mecanismos específicos de reconocimiento de un determinado agente y respuestas específicas contra ese agente.
Este tipo de respuesta es lo que se denomina respuesta inmune. Esta respuesta necesita un cierto tiempo para su puesta en funcionamiento por lo que ahí entra en juego la respuesta inespecífica.

Las respuestas de defensa del organismo: la respuesta inespecífica y la respuesta específica

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1. La respuesta inmune específica

Este tipo de respuesta puede ser provocada por la presencia de cualquier molécula que sea reconocida como extraña al organismo, pudiendo proceder esta molécula tanto del exterior como del interior del organismo.

Antígeno: cualquier molécula que dentro del organismo pueda ser reconocida por el sistema inmune y sea capaz de desencadenar una respuesta de este sistema.

Alergia: cualquier molécula que normalmente no desencadena una respuesta del sistema inmune y no es nociva para el organismo puede convertirse en antígeno provocando una respuesta de este sistema.

Enfermedad autoinmune: se origina debido a que moléculas propias del organismo se llegan a considerar extrañas así en antígenos que el sistema inmune ataca y destruye.

Frente a la respuesta inespecífica, la respuesta específica se caracteriza por:

  • –  su especificidad pues el sistema inmune reconoce de forma particular a un determinado antígeno.
  • –  su eficacia, pues se ponen en marcha respuestas específicas eficaces contra ese antígeno concreto.
  • –  su memoria inmunológica ya que la exposición a un determinado antígeno protege al organismo durante años e incluso durante toda la vida del individuo ante exposiciones posteriores a ese agente.Las principales células inmunitarias mediadoras de la respuesta específica son un tipo de leucocitos denominados linfocitos.Existen 2 tipos principales, los B y los T o también llamados células B y células T. Ambos tipos de linfocitos difieren en la forma en que se enfrentan al agente extraño, originando 2 tipos de respuesta específica:
  • –  la respuesta mediada por anticuerpos en el caso de los linfocitos B
  • –  la respuesta mediada por células en el caso de los linfocitos T.

Origen y diferenciación de los linfocitos B y T

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Respuesta Mediada por Anticuerpos

Este tipo de respuesta inmune recibe también el nombre de inmunidad humoral, pues tiene lugar en los humores o líquidos corporales entre los que se encuentra la sangre.
Esta respuesta está mediada por lo linfocitos B que no atacan directamente al antígeno sino que producen unas moléculas específicas denominadas anticuerpos, que se enfrentan a él y activan diversos mecanismos que desencadenan su destrucción.

Los anticuerpos son proteínas que reconocen de forma específica a los antígenos o cuerpos extraños al organismos, aquellos que no son reconocidos como propios. Son particularmente activos contra las bacterias, los virus y las sustancias tóxicas que éstos producen.

Existe una gran variedad de linfocitos B patrullando por el organismo, siendo cada uno de ellos capaz de reconocer un antígeno específico, pues portan en sus membranas celulares diferentes tipos de receptores. Cuando reconoce un determinado antígeno, establece una conexión con él que es similar a la que forman los neurotransmisores y sus receptores en el SN.

Esta unión produce la activación de ese linfocito B que aumenta de tamaño y sufre sucesivas divisiones celulares, dando origen a 2 tipos de células hijas:

– células plasmáticas: responsables de la producción masiva de anticuerpos contra un antígeno específico

– células de memoria: no secretan anticuerpos por sí mismas, sino únicamente cuando son nuevamente expuestas al mismo antígeno. Son responsables de desencadenar una respuesta inmune rápida ante una nueva invasión del mismo agente y que esta rápida respuesta es la base de la memoria inmunológica.

Activación de los linfocitos B

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Una vez producidos por las células plasmáticas, los anticuerpos son liberados al exterior celular pasando al plasma sanguíneo (anticuerpos circulantes) donde se unen a los antígenos formando el denominado complejo antígeno-anticuerpo que pone en marcha diferentes mecanismos para contrarrestar al invasor.

Estructura, tipos y mecanismos de actuación de los anticuerpos

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Respuesta Mediada por Células

Este tipo de respuesta está mediado por células que atacan de una forma más directa al agente extraño, por lo que se denomina respuesta inmune mediada por células.
Es un tipo de respuesta complementaria a la desencadenada por los linfocitos B, pues los anticuerpos no son capaces de proteger al organismo contra los agentes extraños en todas las situaciones. Si pasan rápidamente al interior celular donde establecen la infección, los anticuerpos circulantes no los detectan.

En esta respuesta participan los linfocitos T. Estos se encuentran patrullando por el organismo y poseen receptores en su superficie celular que están especializados en el reconocimiento de un determinado antígeno, existiendo millones de receptores diferentes.

A diferencia de los linfocitos B, los receptores de los linfocitos T no son capaces de reconocer los antígenos libres, no se fijan a la molécula completa del antígeno, sino que únicamente reconocen y se unen a pequeños fragmentos del mismo.

Esta característica es muy útil si un virus ha infectado una célula y se está replicando en su interior, pues durante este proceso algunos de los fragmentos del virus son exhibidos en la superficie de la célula infectada pudiendo ser entonces reconocidos por los linfocitos T.

Los linfocitos T reconocen los antígenos ocultos en las células, actuando de forma coordinada con los linfocitos B, cuyos anticuerpos reconocen y contrarrestan los antígenos enteros libres.
Los linfocitos T necesitan la colaboración de otras células que les muestren esos fragmentos del antígeno, reciben el nombre de células presentadoras de antígenos.

En este proceso de reconocimiento del antígeno por parte de los linfocitos T se requiere que el fragmento del antígeno sea presentado por unas proteínas especializadas, las proteínas CMH, de estas células presentadoras del antígeno y que también son reconocidas por receptores específicos en la superficie celular del linfocito T.

El sistema inmune reconoce a las células del organismo como propias gracias a estas proteínas localizadas en la superficie de las células de todos los mamíferos y que están codificados por genes que forman parte del denominado Complejo Mayor de Histocompatibilidad (CMH), en el ser humano recibe el nombre de Complejo Antígeno Leucocitario Humano o HLA.

Mediante los distintos receptores que poseen los linfocitos T, éstos son capaces de reconocer:

  • –  por una parte a un determinado antígeno
  • –  por otra a una célula propia del organismo que al estar infectada debe ser destruida.

Si no ocurre este doble proceso de reconocimiento el linfocito T no se activa. La activación de los linfocitos T desencadena al igual que sucede en los linfocitos B, sucesivas divisiones celulares que dan origen a 2 tipos de células hijas, las células activas y las células de memoria.

Los linfocitos T resultantes de estas divisiones celulares son células idénticas al linfocito originalmente activado por el antígeno, por lo que destruirán todas las células infectadas por ese antígeno (eficacia y especificidad de la respuesta inmune).

En la respuesta mediada por células también se producen células de memoria que pueden permanecer indefinidamente en el organismo y activarse ante la nueva presencia de ese antígeno (memoria inmunológica).

Entre las células T activadas por la presencia del antígeno se encuentran diferentes tipos de linfocitos, algunos de los cuales desempeñan un papel fundamental en la proliferación y diferenciación de los linfocitos B a células plasmáticas productoras de anticuerpos y a células de memoria.

Activación de los linfocitos T

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Los linfocitos T activos desempeñan funciones muy diversas en la respuesta inmune:

  • –  las células T colaboradoras son el tipo mayoritario y desempeñan un papel fundamental en la proliferación y diferenciación de los linfocitos B y T
  • –  las células T citotóxicas son los linfocitos T más sencillos
  • –  las células T supresoras están implicadas en la supresión de la respuesta de los linfocitos B y T una vez que el antígeno ha sido controlado.

Las respuestas desencadenadas por el sistema inmune constituyen una respuesta integrada.

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Explicación:
1. Una de las primeras respuestas del organismo está constituida por los neutrófilos con una vida media corta

2. También está constituida esa primera respuesta por los macrófagos, con una vida media más larga que fagocitan las células infectadas y forman parte de los mecanismos de defensa inespecíficos.

3. También son activadas las enzimas del complemento presentes en la sangre, que producen orificios en la pared celular del microorganismo desencadenando su destrucción.

4. Se ponen en marcha una serie de procesos que desencadenan la respuesta inmune específica. Los macrófagos actúan como células presentadoras de antígenos exponiendo en su superficie celular fragmentos de los mismos para que éstos puedan se reconocidos por un tipo de linfocitos, los T colaboradores.

5. Estos linfocitos liberan sustancias químicas fundamentales para que los linfocitos B una vez activados por el antígeno, puedan proliferar y diferenciarse a células plasmáticas productoras de anticuerpos y células de memoria (7). Los anticuerpos circulantes ponen en marcha diversos mecanismos de actuación contra el antígeno.

6. Las sustancias químicas liberadas por los linfocitos T colaboradores también son necesarias para la diferenciación y proliferación de otro tipo de linfocitos, los linfocitos T citotóxicos a células activas y células de memoria (7). Los linfocitos T citotóxicos ponen en marcha diferentes mecanismos para hacer frente al invasor, como la liberación de sustancias químicas que producen la muerte de las células diana, que atraen a los macrófagos estimulando la fagocitosis o que activan a las células asesinas.

7. células de memoria

8. Otro tipo de linfocitos, los linfocitos T supresores, se encargan de retrasar o inhibir la respuesta inmune cuando se ha conseguido frenar al invasor.

La respuesta inmune específica no sólo pone en marcha mecanismos propios de actuación contra el antígeno, sino que además, potencia los mecanismos implicados en la respuesta inespecífica.

Interacciones entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmune

El sistema inmune no es un sistema independiente con funcionamiento totalmente autónomo, sino que forma parte de un sistema integrado de defensa, junto con el SN y el sistema endocrino.

El SN y el sistema endocrino pueden modular la actividad del sistema inmune y que a la inversa el sistema inmune también puede afectar la actividad de los sistemas mencionados (interacción bidireccional).

El sistema nervioso y el sistema endocrino como moduladores de la función inmune

El hecho de que las lesiones en el hipotálamo, principal centro regulador del sistema endocrino, produjera alteraciones de la función inmune, sugirió también una posible relación entre el sistema endocrino y el sistema inmune.

El sistema neuroendocrino es capaz de modular la actividad del sistema inmune mediante diversos mecanismos que implican la liberación de neurotransmisores, de hormonas y de neuropéptidos. Entre estos mecanismos cabe destacar la liberación de neurotransmisores por parte del SN autónomo y la liberación de hormonas por parte del sistema endocrino.

Existencia de fibras nerviosas simpáticas en los órganos linfoides, descubriéndose una vía de comunicación entre el SN y el sistema inmune a través del SN autónomo.

Tanto los órganos linfoides primarios (médula ósea y timo) como los secundarios (bazo, ganglios linfáticos y otros tejidos linfoides) están inervados por fibras nerviosas simpáticas noradrenérgias (fibras postganglionares) que establecen contactos similares a las sinapsis con las células inmunitarias localizadas en estos órganos.

Además el sistema neuroendocrino puede modular la actividad del sistema inmune mediante otra vía que está mediada por la liberación de hormonas.

La actividad inmuno-moduladora de las hormonas producidas en el SN central (hipotálamo) así como en distintas glándulas suprarrenales, la glándula pineal, la glándula tiroides, las gónadas y el timo.

Las neurohormonas y las hormonas liberadas por las diferentes glándulas llegan a través de la sangre a los diferentes tejidos y órganos del cuerpo, incluido los tejidos linfoides.

En la superficie de las células inmunitarias entre las que se encuentran la ACTH, las hormonas tiroideas, la hormona del crecimiento GH, la prolactina PRL…

La interacción entre las hormonas y sus receptores en las células inmunitarias puede modular la función inmune alterando la actividad celular (mediante la formación de segundos mensajeros como el AMPc y el GMPc) y la producción de las sustancias químicas liberadas por las células inmunitarias en el curso de las respuestas del sistema inmune. Otras parecen desempeñar el papel contrario, poseen un efecto inmunosupresor.

También se han localizado receptores para otros neurotransmisores en las células inmunitarias, entre los que se encuentran la serotonina, la dopamina y la acetilcolina.

Las interacciones entre los neurotransmisores y las células inmunitarias son muy complejas, pues los neurotransmisores pueden actuar no sólo de forma directa sobre ellas, sino también liberando, a su vez, moléculas que actúen de intermediarias entre los terminales nerviosos y las células inmunitarias2.

También se ha planteado que el SN podría modular la función inmune mediante la liberación de neuropéptidos. Hay fibras nerviosas que liberan péptidos y de receptores para estas sustancias en algunos órganos linfoides.

Entre estas sustancias cabe destacar a los péptidos opioides endógenos, como las encefalinas y las endorfinas, localizándose receptores para estas sustancias en diferentes componentes del sistema inmune.

Importantes células inmunitarias como los macrófagos, los linfocitos y las células asesinas son muy sensibles a la acción de estas sustancias. La administración de sustancias opiáceas puede afectar las respuestas del sistema inmune desencadenando, mediante su efecto en el SN central, diversos mecanismos inmunosupresores.

El sistema inmune como modulador de la actividad del SN y del sistema endocrino

El hipotálamo es el centro encefálico fundamental en la comunicación que se establece entre el sistema inmune, el SN y el sistema endocrino, integrando las respuestas emitidas por estos sistemas.

En el curso de las respuestas desencadenantes por el sistema inmune, las células inmunitarias liberan diversas sustancias químicas cuya función es regular las interacciones que tienen lugar entre ellas para actuar de forma coordinada.

Estas sustancias se denominan, en función de su procedencia:

  • –  interleucinas: si son liberadas por leucocitos
  • –  linfocinas: si son liberadas por los linfocitos
  • –  monocinas: si son liberadas por los monocitos/macrófagos.

Inicialmente se pensó que estas sustancias estaban únicamente implicadas en el control de los procesos inmunológicos. Sin embargo, también eran liberadas por otros tejidos del organismo, incluido el SN, recibieron el nombre más genérico de citocinas.

Citocinas: coordinan y regulan casi todos los procesos fisiológicos, y que están también implicas en la modulación de una gran variedad de conductas y procesos psicológicos.

Principales vías de comunicación entre el SN, el sistema endocrino y el sistema inmune.

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Explicación: El SN puede modular la actividad del sistema inmune mediante diversos mecanismos, entre los que se encuentra la activación del sistema endocrino y del SN autónomo.

La activación del sistema endocrino puede modular la actividad inmune de diversas formas:

  1. mediante neurohormonas liberadas a la sangre a través de la hipófisis posterior
  2. y factores liberadores hipotalámicos
  3. mediante las hormonas liberadas por la hipófisis anterior
  4. y mediante las hormonas liberadas por las glándulas que se encuentran bajo control de la hipófisis
  5. La activación del SN simpático, en la que están implicados diversos núcleos del tronco del encéfalo, produce la liberación de noradrenalina en diferentes tejidos linfoides.

Por otro lado, las vías de comunicación usadas por las citocinas liberadas por el sistema inmune para modular la actividad nerviosa y hormonal parecen ser muy diversas:

  1. mediante la activación del nervio vago
  2. a través de la sangre alcanzando los núcleos y estructuras encefálicas que no están protegidas por la barrera hematoencefálica
  3. o alcanzando estructuras encefálicas que si están protegidas por la barrera mediante proteínas de membrana que las transportan desde la sangre al tejido nervioso.
  4. Otro mecanismo de actuación parece ser el de estimular la secreción de citocinas o de otras moléculas mediadoras por parte del propio tejido nervioso como la serotonina, las catecolaminas, las prostaglandinas o el óxido nítrico.

Las citocinas pueden modular también el funcionamiento del SN y del sistema endocrino, produciendo cambios en la actividad nerviosa y hormonal.
Las citocinas son los principales mensajeros químicos liberados por el sistema inmune para transmitir información al SN y al sistema endocrino, siendo capaces de afectar a complejos circuitos neurales implicados en la regulación de las funciones fisiológicas y de diversos aspectos de la conducta.

Hay además receptores de citocinas en el SN y en el sistema endocrino, tanto en neuronas como en células gliales, así como en células secretoras de hormonas.
A través de estos receptores las citocinas son capaces de producir cambios en los niveles de neurotransmisores y de hormonas, tanto a nivel central (hipotálamo) como directamente en diversas glándulas.

Por otro lado las células del sistema inmune (principalmente linfocitos y macrófagos) también liberan péptidos, hormonas y neurotransmisores, entre los que se encuentran los péptidos opioides endógenos, la ACTH, la sustancia P, la serotonina, la noradrenalina y la acetilcolina. Estos pueden constituir otra vía de comunicación por la que el sistema inmune puede modular la actividad del SN central, del SN autónomo y del sistema endocrino.

Interacciones entre el sistema inmune y la conducta

El sistema inmune como modulador de la conducta

El individuo enfermo muestra a nivel conductual una serie de alteraciones. Estos síntomas pueden ser inducidos por las citocinas liberadas por las células inmunitarias mediante su efecto en el SNC.
Por ello se plantea que los cambios conductuales que se producen en los sujetos enfermos podrían constituir una estrategia altamente organizada, importante para la supervivencia del organismo, que reflejaría la reorganización a nivel central del estado motivacional durante la enfermedad.

La reorganización del estado motivacional del organismo en un sujeto enfermo, le permitiría enfrentarse con mayor eficacia a los agentes extraños al redistribuir sus limitados recursos y relegar determinadas conductas a un segundo plano.

Durante la enfermedad las citocinas actuarían como señales endógenas en el SNC para activar las estructuras nerviosas implicadas en la regulación tanto de los componentes fisiológicos de la enfermedad (fiebre por ejemplo) como de sus componentes subjetivos y conductuales.

Componentes conductuales y fisiológicos de la enfermedad como resultado de la acción de las citocinas en el SNC.

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La terapia con citocinas ha sido asociada con el desarrollo de desórdenes cognitivos y psiquiátricos muy variados.

Las citocinas podrían participar, al igual que diversos neuropéptidos, hormonas y neurotransmisores en la regulación de las funciones adaptativas del organismo, que serían integradas por el sistema límbico y el hipotálamo.

Modulación conductual de la función inmune

La actividad del sistema inmune podía ser alterada mediante comportamientos condicionados.

Condicionamiento de la función inmune. Las respuestas del sistema inmune pueden ser moduladas por un proceso de condicionamiento clásico.

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La eficacia de la inmunosupresión condicionada, que parece afectar especialmente a las respuestas de los linfocitos T. Podía usarse la inmunosupresión condicionada para inhibir la actividad del sistema inmune en las enfermedades autoinmunes.

Se han comprobado alteraciones en las respuestas del sistema inmune en algunos trastornos psicopatológicos.
Algunas funciones fisiológicas del organismo que se encuentran bajo el control del SN autónomo, como la presión arterial, la tasa cardiaca, la temperatura corporal… pueden se reguladas por medio de técnicas con un enfoque conductual.

Las características de la conducta y de la personalidad de los individuos y los estados afectivos o emocionales pueden modular también el estado funcional del sistema inmune.

El papel que los factores psicológicos y sociales pueden desempeñar en la progresión o remisión de algunas enfermedades como el cáncer. Diferentes factores psicológicos y sociales pueden afectar el estado emocional del individuo, en cuya regulación desempeña un importante papel el sistema límbico.

Es posible que los factores psicosociales puedan modular, la función inmune y por tanto la susceptibilidad a las enfermedades.

Las Respuestas del organismo ante el estrés

Tanto en animales como en humanos, una gran variedad de acontecimientos psicosociales que son percibidos como estresantes por el organismo pueden producir alteraciones de la función inmune. Es importante destacar que una misma situación puede ser estresante para un individuo y no serlo para otro, por lo que el factor determinante es la apreciación que el sujeto hace de esa situación y no la situación en sí misma.

En situaciones de estrés puede darse en principio una activación del sistema inmune, si el estrés es intenso y prolongado, se produce inmunosupresión y estos efectos inmunosupresores afectan tanto a la respuesta específica como a la respuesta inespecífica.

En situaciones de estrés los individuos parecen ser más susceptibles a diversas enfermedades.
En las situaciones de estrés se produce una activación del eje hipotalámico-hipofisiario-adrenal (HHA) con la consiguiente elevación de los niveles de ciertas hormonas como la CRH, la ACTH y los glucocorticoides así como una activación del SN simpático que libera catecolaminas.

La activación del eje HHA parece constituir un mecanismo de regulación de la función inmune por parte del SN para evitar que una excesiva activación del sistema inmune pueda poner en peligro la homeostasis. Si en las situaciones de estrés hay una intensa y prolongada activación de este medicamos natural de control de la actividad inmune, la liberación continuada de estas hormonas puede llegar a producir un estado inmunosuprimido.

Los glucocorticoides constituyen uno de los principales mecanismos mediadores de la inmunosupresión producida por estrés. Algo similar con las catecolaminas liberadas por la médula adrenal.

Modelo representativo de los principales mecanismos implicados en las alteraciones de la actividad nerviosa, hormonal e inmune, producidas por estrés

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En situaciones de estrés también son liberadas otras hormonas, como la prolactina y neuropéptidos como las endorfinas y las encefalinas.

Los péptidos opioides endógenos, equiparables probablemente a una situación de estrés prolongada, efectos inmunosupresores, mientras que el papel de la prolactina podría ser el de restablecer la inmunosupresión producida por las otras hormonas liberadas en estas situaciones.

Los estímulos percibidos como estresantes son traducidos a modificaciones en la actividad de los sistemas de neurotransmisores, neuropéptidos y hormonas, pudiendo afectar al estado emocional del individuo, en cuya regulación desempeña un papel fundamental el sistema límbico.

El sistema límbico envía información a otros núcleos y estructuras del SN, entre los que se encuentran el hipotálamo, principal centro regulador del SN autónomo y del sistema endocrino.

La existencia de estas conexiones nerviosas proporciona el medio por el que las situaciones percibidas como estresantes pueden producir cambios en la actividad del SN autónomo y del sistema endocrino, que constituyen, a su vez, dos importantes vías de comunicación con el sistema inmune.

Los factores psicosociales percibidos como estresantes pueden alterar la función inmune y por tanto afectar la salud del individuo al aumentar la susceptibilidad a las enfermedades.

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