La responsabilidad ética del psicólogo ante el post-conflicto en Colombia

Durante los años sesenta y setenta del siglo XX, se produce una serie de movimientos sociales que difunden ideas políticas y económicas. A partir de ello, la psicología comunitaria nace de una práctica transformadora, la cual produce un vuelco hacia una concepción de la disciplina centrada en los grupos sociales, en la sociedad y en los individuos que la integra, entendiendo al sujeto humano como un ser activo, dinámico, y constructor de su realidad (Montero, 2011). Sin embargo, ¿Cuál es el la responsabilidad ética y social del Psicólogo Social Comunitario ante el post-conflicto en Colombia?

En primer lugar, la psicología social comunitaria ha mirado críticamente desde sus inicios, las experiencias y las prácticas psicológicas con las que ha tenido que lidiar. Entre ellos, el horror de la violencia ha tenido un gran efecto en el psiquismo de las personas y las comunidades afectadas por el conflicto armado, para ello “la guerra no es más que una de las manifestaciones más protuberantes de la crisis prolongada de la sociedad colombiana” citado por (Sánchez, 2014).

A partir de ello, ha surgido una preocupación por las victimas, lo cual ha llevado a plantear más allá de una atención psicológica una intervención psicosocial que ha incluido la construcción de un proyecto de vida y la reparación de los derechos de las victimas tanto de forma individual como colectiva siendo este, de origen histórico lo cual representa una simbología propia del contexto.

Para ello, el psicólogo social comunitario se ha visto como un agente de cambio dispuesto a promover la toma de conciencia social, la identificación de problemas y necesidades propias de las victimas del conflicto armado, la elección de vías de acción, la toma de decisiones y el cambio de la relación entre individuo-ambiente para transformar este último (Montero, 2011).

De acuerdo a esto, Maritza Montero (1989), una de las impulsadoras y teóricas clave del movimiento comunitario latinoamericano, ha mostrado las características de la Psicología Comunitaria en las que resalta: La Autogestión de los sujetos, la comunidad como centro de poder y control de cambio, la unión de la teoría- praxis y la práctica transformadora.

No obstante, la perspectiva de la Psicología comunitaria latinoamericana actual nos indica, conceptos y modelos sociales/sistémicos/ecológicos, encargados de contemplar los fenómenos en su globalidad orientados a la (la comunidad, los problemas sociales, el cambio social y la movilización colectiva) (Sánchez, 2007).

Por otro lado, los modelos psicosociales/adaptativos/ relacionales, se han interesado en la interacción y la relación con el contexto, es decir la (salud positiva, desarrollo humano, empoderamiento y/o participación).

A partir de lo anterior, la ética profesional del psicólogo establece unas pautas de comportamiento, en la cual se fomenta la autonomía de las personas y colectivos sociales que han sido producto del conflicto armado. Adicionalmente, el objetivo es tratar a las personas como sujetos y no como objetos, dando respeto a su dignidad, el dolor y la pena.

Más aún, respetando su capacidad de elegir, decidir y actuar por si mismas a partir de la reinterpretación positiva del suceso, elaborando la reparación  proporcional  con respecto a la gravedad de las violaciones  y  al daño  sufrido por parte de las victimas.

Para ello, el profesional debe obtener un consentimiento voluntario e informado para intervenir e informar sobre las consecuencias, derechos y obligaciones de cada parte, evitando aquellas relaciones en donde se creen dependencia (Sánchez, 2007), haciendo el bien y siendo eficaz en la intervención psicológica y psicosocial, velando por la justicia social, la reparación de las víctimas y el autointerés razonable a través de la participación de los diversos actores y movimientos sociales en Colombia (Moráis et al, 2009).

Finalmente, la ética profesional, en la intervención comunitaria se hace eminentemente práctica lo cual implica no hacer juicios de valor y tomar decisiones en base a valores relevantes. Más aún, el rol del psicólogo social comunitario incluye elementos que van desde la evaluación de las necesidades presentes en el medio en el caso del conflicto armado, el diseño de la intervención con las victimas y la evaluación sistemática de los resultados de la intervención (Marín, 1980).

De acuerdo a ello, el psicólogo debe responder ante la comunidad del uso que hace de la autonomía profesional, del poder y la técnica que la sociedad ha impuesto sobre el, mantener una relación profesional, basada en la confianza y dirigida a solucionar problemas o alcanzar objetivos planteados de forma cooperativa (Sánchez, 2007)

Referencias

Marín, G. (1980). Hacia una Psicología Social Comunitaria. Revista Latinoamericana de Psicología, 12,1, 171-180.

Montero, M. (2011). Introducción a la Psicología Comunitaria: Desarrollo, Conceptos y Procesos. Argentina: Paidós Tramas Sociales 23.

Moráis, V; Rêgo, L; João, P. (2009). Psicologia comunitária e política de assistência social: diálogos sobre atuações em comunidades. Psicol, 29,4.

Sánchez, A. (2007). Manual de Psicología Comunitaria. Madrid: Ediciones Pirámide.

Sánchez, G. (2014). Guerras, Memoria e Historia. Recuperado de http://books.openedition.org/ifea/832?lang=es

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