Diferencias Individuales en Personalidad: Enfoque procesual

Persona y Situación: Claves de encuentro en el marco de interaccionismo

Para Allport, las características de la personalidad se han de considerar como márgenes de conducta posible, que pueden ser activadas en puntos diversos según los requerimientos de la situación. Al menos cuatro aspectos fundamentales intervienen en la determinación de la conducta como persona:

Aquellas características estables y consistentes que definen su personalidad.

Aquellas defensas y formas de disimulo que el individuo utiliza con la intención de no manifestar abiertamente determinados aspectos de su personalidad, y el grado en que, éstas, son empleadas.

El modo en que la situación es percibida, así como su relación con la misma.

Los requerimientos y demandas de la situación con respecto a la actuación del individuo en la misma.

Varias cuestiones pueden resaltarse a propósito de los planteamientos interaccionistas y sus implicaciones para el estudio de las diferencias individuales:

El tipo de interacción persona x situación que se propone tiene un carácter dinámico, basado en una causación recíproca o transaccional.

En los modelos interaccionistas las diferencias individuales más potentes se encontrarán en la forma en que los individuos seleccionan y construyen las condiciones estimulares externas.

A partir de estos procesos psicológicos, la conducta de las personas no se concibe como inconsistente, sino como discriminativa, en la medida en que su objetivo último es la adaptación o ajuste al medio. La consistencia transituacional de la conducta se reformula a partir de las equivalencias psicológicas y comportamentales generadas por los sujetos.

Los presupuestos teóricos principales del interaccionismo se resumen en cuatro puntos:

La conducta es función de un proceso continuo de interacciones recíprocas entre el individuo y la situación en la que se encuentra.

El individuo es un agente intencional y activo en este proceso de interacción.

Los determinantes esenciales de la conducta de la persona son los factores cognitivos, si bien también deben considerarse los factores motivacionales y emocionales, así como los factores biológicos.

El valor de la situación vendrá dado por el significado psicológico que el individuo atribuya al contexto puntual en el que se encuentre.

No son los eventos, en sí, sino la interpretación de los mismos, lo que permitirá estudiar la personalidad de los individuos y las diferencias existentes entre los mismos. Por tanto, un perfeccionamiento progresivo de la metodología empleada deberá permitirnos detectar patrones de conducta significativamente organizados.

Perspectivas actuales de integración entre los modelos disposicionales y dinámicas de la personalidad

Epstein considera que una simple enumeración de atributos superficiales no es suficiente para entender los procesos que median entre la personalidad y la conducta manifiesta. Entender los procesos que median entre la personalidad y la conducta, conlleva, necesariamente, una integración entre dos concepciones de la personalidad, la disposicional y la dinámica.

Los modelos disposicionales responden a una estrategia de explicación top-down ya que están basados en el análisis de un número determinado de disposiciones conductuales generales o rasgos, supuestamente estables y consistentes, que definen de manera idiosincrásica a los individuos determinando un amplio rango de conductas específicas.

Por su parte, tanto los planteamientos situacionistas, como los interaccionistas, son perspectivas que enfatizan los aspectos dinámicos, funcionales y procesuales del comportamiento, y se corresponden con la utilización de estrategias de explicación bottom-up, al basarse en los mecanismos específicos que subyacen a los fenómenos observados.

McCrae y Costa describen la personalidad como la organización psicológica dinámica que coordina la experiencia y la acción. Asimismo, enfatizan que las tendencias básicas, o rasgos, se traducen en comportamientos adaptativos característicos y determinados desarrollos del autoconcepto a través de una variedad de procesos dinámicos que están aún por determinar.

Pervin propone tres principios en cuya investigación se hace imprescindible avanzar:

El concepto de multideterminación supone que cualquier actividad compleja implica la interacción de múltiples determinantes.

La equipotencialidad indica que, partiendo de un mismo punto, se pueden obtener resultados diferentes.

La equifinalidad sugiere que se puede llegar al mismo punto final por vías diversas.

Para conseguir una serie de variables y procesos mediadores que permitan explicar y describir la manifestación de la personalidad en la conducta es necesario contemplar tres requisitos adicionales:

Una reconceptualización de la situación en términos psicológicos con la finalidad de poder explicar la interacción que se produce entre el contexto y el sistema dinámico del individuo, dando como resultado la generación de expresiones conductuales distintivas y diferenciadoras en cada individuo.

Se requiere de un modelo de personalidad que sea capaz de asumir la complejidad de esta última y las dinámicas cognitivo-afectivo-motivacionales.

Es necesario crear un puente conceptual y metodológico entre el sistema de procesamiento dinámico que define idiográficamente a individuos concretos y a grupos de individuos, y la caracterización y clasificación nomotética de tipos y subtipos de disposiciones o dimensiones generales de diferenciación individual.

En las concepciones sistémicas de la personalidad, ésta se concibe como el sistema global que confiere unidad, continuidad y coherencia a la conducta y experiencia individual, atendiendo tanto a aquellos factores biológicos y sociales que asientan las potencialidades del individuo, estableciendo los límites y restricciones para su desarrollo y maduración, como a aquellas variables personales que permiten al individuo ser ese agente activo y constructor de su realidad que los modelos dinámicos proponen.

Unidades dinámicas de estudio de las diferencias individuales de la personalidad: El individuo en situación

Una buen forma de distinguir entre rasgos y unidades dinámicas la encontramos entre el concepto de “tener”, representado por conceptos estructurales del tipo de los cinco factores, y el de “hacer”, vinculado a la forma en que las disposiciones personales se manifiestan y mantienen en los procesos de interacción social.

Las unidades del individuo en acción permiten encontrar un cierto compromiso entre la aparente falta de consistencia transituacional de la conducta y la regularidad manifiesta del comportamiento que, paralelamente, puede observarse cotidianamente cuando los individuos interactúan socialmente, así como trabajar sobre una vertiente más próxima a una explicación funcional de la conducta humana.

Las nuevas unidades individuo en acción, de carácter menos global o general que los rasgos, se centran en las cogniciones, emociones y conductas presentes en el individuo en las condiciones particulares en que se produce la conducta. Estas unidades, algunas de ellas denominadas de nivel medio, permiten contemplar la coherencia del comportamiento (continuidad interactiva).

El estado como actualización de los rasgos disposicionales

El estado supone una actualización momentánea de una disposición personal en una situación concreta.

Esta conceptualización tiene su origen en las contribuciones de Cattell referidas a la existencia de estados de carácter transitorio, o fluctuaciones del estado de ánimo, que parecen estar asociados a situaciones puntuales y momentáneas.

Interesa destacar la estrecha relación entre el rasgo y el estado, relación que se establece a través del valor de la situación. Una elevada puntuación en un rasgo se asociará a una probabilidad mayor de que se experimente el estado emocional del rasgo correspondiente, o nivel de estado, así como de que se despliegue en mayor medida el tipo de conductas asociadas al rasgo en una amplia variedad de situaciones.

La distinción entre rasgo y estado puede operativizarse en función de los siguientes criterios:

Potencialidad vs. Actualidad: el rasgo representa el nivel potencial que una característica tiene en un individuo, mientras que el estado es la manifestación puntual de dicho rasgo en un momento dado.

Estabilidad vs. Transitoriedad temporal: mientras que el rasgo es una predisposición permanente a actuar de una forma determinada, el estado solo se presenta durante un intervalo de tiempo transitorio.

Generalidad vs. Especificidad situacional: el rasgo presenta un nivel de generalidad muy amplio, vinculado a la consistencia transituacional y estabilidad temporal, mientras que el estado únicamente está vinculado a la situación específica en donde se manifiesta.

El estado depende, tanto del nivel de rasgo que el individuo presenta, como de las características situacionales. Basándose en la hipótesis de la congruencia, el estado de ansiedad es una función de la interacción entre una dimensión específica del rasgo de ansiedad, con una amenaza situacional congruente con dicha dimensión.

Con el desarrollo de modelos de análisis de procesos mediacionales como el modelo cognitivo-mediacional del estrés, mediante el que se pretende apresar el proceso de percepción e interpretación estimular bajo una óptica interactiva. Este modelo postula que los factores cognitivos juegan un papel decisivo sobre el impacto que los acontecimientos estresantes tienen sobre las personas y sobre el estilo de afrontamiento o repertorio de respuestas subjetivas, fisiológicas y comportamentales, que las personas ponen en marcha para hacer frente a las demandas situacionales.

El sistema de personalidad cognitivo-afectivo (spca)

El SPCA propuesto por Mischel se enmarca dentro de las llamadas teorías cognitivo-sociales de la personalidad. M. concibe las situaciones como parte de la personalidad misma, integrando la variabilidad del comportamiento como elemento que, no sólo no es contrario a la existencia de la personalidad sino, por el contrario, parte de la misma.

En este modelo, la personalidad se concibe como un sistema estable caracterizado por una serie de unidades cognitivas y afectivas disponibles, organizadas en una red distintiva de interrelaciones que procesa, de forma característica, la información acerca de las situaciones, externas o internas.

En lo que a las diferencias individuales se refiere, la naturaleza de las diferencias individuales en el SPCA hace referencia a tres aspectos esenciales:

  • Diferencias individuales en la accesibilidad crónica (niveles de activación) de las unidades cognitivo-afectivas.
  • Diferencias individuales en la organización estable de relaciones entre estas unidades.
  • Diferencias individuales en el patrón de relaciones que el individuo establece entre situaciones o contextos específicos, y el comportamiento característico ante los mismos, referidas en los dos puntos anteriores.

Unidades del SPCA y su organización intrasistema

Una premisa básica de las aproximaciones cognitivo-sociales a la personalidad es que la existencia de un sistema de personalidad coherente y estable se establece a partir de un sistema de PI social.

Un proceso clave en esta organización es la activación de las representaciones mentales que el individuo tiene, mecanismo básico para el PI social que moldea el significado que las personas asignan a la información que procesan.

Entre las representaciones mentales claves dentro de la citada estructura se encuentran elementos como el conocimiento de la situación social, la representación de uno mismo, de los demás, de sucesos futuros, las metas personales, las creencias y expectativas, y el conocimiento de estrategias o vías alternativas de conducta. Estas representaciones son las que constituirán el grueso de las unidades cognitivo-sociales.

Las unidades cognitivo-afectivas pueden categorizarse en dos grandes bloques:

Agrupadas en función de la Potencialidad de la conducta:

Capacidades. Capacidad de adaptación al entorno (inteligencia social), caracterizada por flexibilidad cognitiva, alternativas constructivas, procesos de resolución y afrontamiento de problemas.

Estrategias de codificación y constructos personales. Interpretación y construcción del mundo. Las estructuras mentales mediadoras son los esquemas, guiones, planes, etc.

Agrupadas en función de la Ejecución de la conducta:

Expectativas y estilos atribucionales. Creencias acerca la propia capacidad para obtener los resultados deseados, del grado en que la conducta conducirá a esos resultados y de las causas de los sucesos futuros y pasados. Los estilos atribucionales hacen referencia a la explicación que las personas suelen conceder al origen de los eventos en general, y de forma más específica a sus éxitos y fracasos, su bienestar o infelicidad, e incluso a su salud.

Valores subjetivos. Valor asignado a los resultados, situaciones y tareas.

Mecanismos autorreguladores. A través de metas, estos mecanismos proporcionan dirección y coherencia a la conducta, y controlan el grado de esfuerzo necesario para la consecución de esas metas.

Afecto y emociones. Respuestas asociadas a las situaciones en las que la persona está inmersa, influyendo en la manera de interpretarlas y de reaccionar ante ellas.

El SPCA determina también cómo se relacionan las distintas unidades dentro de ese individuo formando una red única de interconexiones que funcionan como un todo organizado y que se caracteriza por ser una organización estable peculiar y característica del individuo.

La situación psicológica en el modelo spca

Las personas diferirán en la construcción activa de la situación; es decir, en:

Cómo atienden y seleccionan las distintas características de la situación.

Cómo las categorizan y codifican cognitiva y emocionalmente.

Cómo estas codificaciones activan otras cogniciones y afectos existentes en el sistema de personalidad.

Bajo la concepción de la situación en términos psicológicos, podrían detectarse elementos comunes (equivalencias funcionales) a estas situaciones aparentemente distintas, que serían responsables de la activación de la conducta (ansiedad) en una persona con sensibilidad al rechazo.

En este tipo de sistema, la conducta de la persona en un dominio cambiará de una situación (p.ej., ante un amigo) a otra (p.ej., ante la pareja), ya que dentro de las unidades condicionales, cuando cambian los síes, de manera coherente cambiarán los entonces, a pesar de que la estructura de la personalidad permanezca invariable.

Explicación, predicción y nivel de análisis en la investigación de diferencias individuales en personalidad

Los datos empíricos utilizados para dilucidar un problema determinado deben hacer pareja con el nivel de los procesos en el que el problema es definido (Magnusson).

Los rasgos, entendidos como disposiciones amplias y generales, serán útiles para la predicción de rangos de conducta. En consecuencia, cuando el objeto de análisis y diagnóstico sea un retrato comprehensivo y coherente de la personalidad, o la selección de individuos en función de este tipo de categorías amplias que nos dan información muy global sobre las personas y su forma de comportarse a lo largo del tiempo, los rasgos más amplios, situados en el nivel superior de la jerarquía, serán preferibles por presentar una mayor parsimonia.

Si nuestro objetivo es el estudio del individuo en situación y la explicación de la conducta particular, y las diferencias individuales, en situaciones más específicas, se hará necesario un análisis de los componentes menos generales de estos rasgos superiores, así como el uso de variables personales y patrones de conducta de carácter más procesual vinculadas a los aspectos situacionales.

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