Consejos para el buen cuidado de tu bebé

Los primeros meses y años son elementales para el desarrollo posterior de los niños, y por ello por lo que se deben tener en cuenta algunos aspectos en clave alimentaria y también de buenos hábitos e higiene del bebé.

Cuidados en todos los ámbitos

Crecemos durante una buena parte de nuestra vida, y este crecimiento se produce tanto a nivel físico como a nivel de desarrollo intelectual hasta alcanzar la madurez. Sin embargo, es durante los primeros meses, y también durante los primeros años de vida del niño, cuando se produce el auténtico revulsivo que condicionará el futuro posterior del mismo.

Consecuentemente, es durante esta primera etapa vital en la cual deberemos ser más rigurosos en el mantenimiento de estos cuidados, sobre todo en lo que respecta a la alimentación, eligiendo la mejor leche para bebé, y también en lo que concierne a la higiene del bebé, tanto en el sentido más común de la palabra como en el sentido más bien asociado a otros aspectos como los hábitos de sueño o de ruido, evitando así posibles trastornos que puedan suponer desequilibrios en la estabilidad física o mental del pequeño.

Por otro lado, es muy importante desde el primer momento cumplir estrictamente con el calendario de revisiones pediátricas y seguir en todo momento las indicaciones del facultativo.

En especial, y dada la exposición constante de los niños frente a virus y bacterias es especialmente recomendable mantener al día el calendario de vacunaciones. Sin embargo, de todos los expresados anteriormente, son los hábitos alimentarios los que quizás presentan una mayor relevancia de cara al desarrollo más próximo del bebé. 

La alimentación sí importa

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), un número cercano a 46 millones de niños  con edades de entre 0 y 5 años podrían padecer obesidad. Si bien los datos no son exactos al 100%, lo cierto es que la aproximación resulta de por sí, preocupante.

Y es que la alimentación es posiblemente el factor más determinante para el correcto desarrollo futuro del menor. A ello contribuyen multitud de factores, incluidos los buenos hábitos de la madre durante el embarazo.

Por ello, el primer paso para el buen cuidado del bebé pasa porque la propia progenitora mantenga unos hábitos de vida especialmente saludables, no solo evitando el consumo de sustancias especialmente nocivas para el feto como alcohol o tabaco, sino manteniendo también una actitud proactiva en el consumo de alimentos saludables y naturales. 

Teniendo esto en cuenta, y ya nacido el bebé, no se debe obviar que durante los primeros meses, sobre todo hasta el cuarto mes, su alimentación se basará en la lactancia materna. Si bien es cierto que existen leches sustitutivas de la leche materna, no es menos cierto que los médicos generalmente recomiendan la leche materna.

La leche materna proporciona al pequeño los nutrientes necesarios de forma natural durante sus primeros meses de vida, incluyendo ingredientes tan relevantes como proteínas y anticuerpos. No obstante, ya se opte por una fórmula u otra, en ambos casos las tomas deberán ser más bien cortas y continuadas.

Diversificación de alimentos

A medida que el bebé continúe su crecimiento, y principalmente a partir de los primeros 4 meses, ya se podrán incluir nuevos alimentos en su dieta diaria. Lo más recomendable es empezar con papillas que no contengan gluten y posteriormente se podría continuar con las papillas de fruta y verdura, como complemento de la leche materna.

A partir de los 6 meses se pueden incluir otros alimentos como por ejemplo los purés, y con la posterior aparición de los dientes ya se podrán ir introduciendo alimentos cada vez más sólidos. Es en este momento, cuando tiene lugar una mayor diversificación de los hábitos alimentarios del niño cuando se puede valorar la introducción de las denominadas “leches de continuación”, ricas en hierro y Omega 3, y muy aptas para desarrollo físico e intelectual del niño.

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