¿Qué pasa por la cabeza de una persona con anorexia?

Reducir la anorexia al simple deseo o capricho de estar delgado es fijarse sólo en la punta del iceberg. De hecho, reduce a cenizas la enfermedad mental con mayor índice de mortalidad (por encima de la esquizofrenia o el trastorno bipolar). Dicho de otro modo: sería confundir la enfermedad con el síntoma.

Es por ello, que antes de fijarnos en el modo de actuar de un enfermo, sería justo detenerse e intentar descubrir qué le impulsa a tener un comportamiento tan destructivo. Es decir, ¿qué pasa por su cabeza y qué pasa en su cabeza? Dos factores que combinados, forman el perfecto caldo de cultivo para incubar un trastorno alimentario del que salen victoriosos 5 de cada 10 pacientes. Ni más ni menos que la mitad, una cifra que deja la tasa de curación bastante lejos de lo que sería deseable.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia?

Enmarcar la anorexia en el espectro de las enfermedades mentales, sin ir más allá, puede hacer que naufraguemos en un mar de dudas. Por este motivo es importante, para enfermos y acompañantes, que ubiquemos las zonas del cerebro implicadas en este trastorno.

En primer lugar, es necesario aclarar que la anorexia es efecto de un comportamiento obsesivo-compulsivo que nace de la extrema preocupación por las consecuencias que tendrán sus actos (aunque la comunidad médica no se pone de acuerdo a la hora de establecer el orden en el que se desencadenan ambos factores).

¿Cómo se explica a nivel cerebral?

Los expertos coinciden en señalar que nuestro cerebro no funciona igual que el de una persona sana. Ya que, entre otros,  tenemos alterado el sistema de respuesta ante el placer y la recompensa (situado en la amígdala, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral de Tsai, el cerebelo y la glándula pituitaria).

Y es precisamente ahí, en el sistema de recompensa del cerebro dónde se pone en marcha el circuito que regula las respuestas que garantizan la supervivencia: entre ellas la alimentación.

La primera diferencia con una persona sana es que ella se alimentará cada vez que sienta hambre, ya que su cerebro generará siempre una respuesta positiva. En cambio, nuestro sistema de recompensa  no nos permitirá diferenciar entre el estímulo negativo y positivo.

La segunda, nuestro comportamiento obsesivo provoca sobreactividad en el núcleo caudado. Dicho de otro modo: sobreexplotamos esta región del cerebro, cuando una persona sana solo la pone en marcha en la toma de decisiones.

Y como no hay dos sin tres, ahí va la tercera: los neurobiólogos señalan que en nuestro caso habría alteraciones en el funcionamiento de las neuronas encargadas de comunicarse con la zona del cerebro que detecta el hambre (la ínsula anterior). Y por si fuera poco, también es la región dónde se ubican emociones, sensaciones y la percepción que tenemos del propio cuerpo. 

¿Qué pasa con nuestras hormonas?

Con todo lo dicho está bastante claro que nuestra autopista cerebral tiene baches y no sólo eso, atendiendo a los diversos estudios científicos, parece que no circula todo lo que debiera:

Son varios los cuadros clínicos en los que se ha detentado déficit de ciertas hormonas que estimulan el apetito y el peso, como es el caso de la grelina y la leptina, ésta última encargada de controlar el peso corporal.

Pero no queda ahí, a los posibles trastornos neuroendocrinos, hormonales y metabólicos pueden añadirse bajos niveles de tiamina, la vitamina que permite al organismo aprovechar la energía de los alimentos.

Y por nuestra cabeza, ¿qué pasa?

Una vez analizado el cerebro, queda observar la mente. Mejor dicho, los pensamientos de una persona con anorexia.

Los psiquiatras coinciden que el comportamiento obsesivo-compulsivo que define a las personas con anorexia, siempre se acompaña de rasgos psicológicos similares. Los que se repiten en la mayoría de historias clínicas de este trastorno alimentario: baja autoestima, necesidad de control, búsqueda de identidad, cambios bruscos de humor (euforia-estado depresivo) o necesidad constante de demostrar y mostrarse a terceros.

Todo ello puede ir acompañado de una lista de neurosis que cuanto más larga sea,  más sumergirá al enfermo en las profundas aguas de la anorexia.

Este artículo está escrito con la única intención de hacer reflexionar a todo el que crea o haya pensado que la anorexia es un capricho, una enfermedad de adolescentes, o incluso de tontos.

También de recordar que lo que vemos: la punta del iceberg sólo es una pequeña parte del enorme bloque de hielo que esconden las aguas. Tan grande es lo que hay bajo el mar que sin avisar es capaz de hundir el más grande de los barcos.

Mariangels Pastor
Mariangels Pastor
Periodista. Recuperada de anorexia y autora del blog www.superaranorexia.com

8 comentarios en «¿Qué pasa por la cabeza de una persona con anorexia?»

  1. Me gustaría saber de su relación con el abuso sexual infantil. Se conoce claramente que puede existir pero no se comenta en los artículos como tal, sólo como posible en un entorno o familia disfuncional. Quizás en el base del iceberg pueda estar esa como una de las causas más importantes. Y quizás también tratando la causa y sus repercusiones psicológicas se pueda dar otro enfoque terapéutico ayudando a las personas que padecen estos trastornos alimenticios.

    Responder
  2. Tengo una niña de 13 años que está padeciendo de anorexia nerviosa le puedo decir que esa enfermedad a cambiado mi vida el de todos en mi familia ella está en tratamientos médicos pero es un proceso bien largo son momentos muy difíciles que estamos atravesando nos dimos cuentas a tiempo que ella estaba padeciendo de anorexia y le buscamos ayuda como madre se que es una enfermedad que atrapa el cerebro de quien la padece por eso hay que andarle rápido y poner todo el amor del mundo para logra ayudarla .

    Responder
  3. Es un trastorno del que la mayoría de a población tiene un cocimiento muy superficial y altamente estereotipado. Conviene atender que los afectados por la anorexia/bulimia etc, no tienen sencillamente un deseo de ser delgados; lo que subyace es un deseo de control, una transformación hacia un TOC, y un trasfondo sociocultural que ejerce una presión sobremanera.

    El primer paso es conocer los desencadenantes y mantenedores para poder actuar de la forma más efectiva.

    Responder
    • Gracias, hace más falta que se explique al mundo más sobre esta enfermedad, y no dejarlo en porcentajes y en contar lo que ya todos saben o creen saber…
      De verdad, muchas gracias

      Responder
  4. Me he quedado completamente sin palabras con todo lo que he leído en la otra pagina y en esta.. Lo he intentado explicar un millón de veces no, lo siguiente… y nunca sabía por donde empezar… Todo super bien explicado.

    Responder
    • Asi es….. Perfectamente explicado. Ojala los llamados profesionales pudieran entender esto, ya que hay muy poquitos que lo hacen, aunque se cura mas que el 50% , los datos indican que sobre un 70 o 75% con el tratamiento adecuado.

      Responder

Deja un comentario