Todos somos un poco histéricos ¿Por qué y en qué nos ayuda saberlo?

La histeria es la estructura de personalidad neurótica por excelencia. La mayoría de las personas somos un poco histéricas. Veamos qué se juega en la histeria, en el conflicto con el deseo, apoyándonos en dos grandes películas: Lo que el viento se llevó y El eclipse.

Dos casos de histeria, uno más clásico, otro más moderno. El eclipse nos servirá de bisagra, a su vez, para apuntar las manifestaciones actuales de la histeria. Veamos, en definitiva, porque a todos nos falta un tornillo y lo que podemos aprender para llevarlo mejor.

El conflicto con el deseo

Para poder tener un deseo propio, y por tanto hacer nuestra propia vida, (no la que otros quieren que hagamos), tenemos que haber experimentado nuestro vacío estructural como una falta simbólica que sentimos poder satisfacer de algún modo. Esta falta se construye en la separación psíquica con las figuras de apego, nos separamos y nos quedamos en falta.

Deseamos algo porque nos falta (sin falta no hay deseo). Y la falta siempre nos angustia: que nos falte trabajo, que nos rechacen, que nos falte salud, que nos falte competencia, que nos falte pareja, que nuestros hijos falten.

Pero también nos puede angustiar lo contrario: que nos quieran, que nos hagan caso, que nos cojan en el trabajo que ansiábamos, que tengamos éxito, que la chica o el chico que nos gusta se interese por nosotros…

Cuando el deseo esta muy conflictuado las defensas que utilizamos para proteger nuestro aparato psíquico pueden generarnos sufrimientos, a nosotros mismos y a los demás. Veámoslo.

La defensa frente al deseo: La negación de la falta

Los sujetos histéricos buscan seguridad, afecto e identidad. Pueden creer que no merecen ser queridos, que sus sentimientos no serán respetados. Están atrapados en el deseo del Otro. Repiten, de un modo u otro, el conflicto que tienen con sus figuras de apego primordiales, sus padres.

Como la falta les angustia demasiado, serán dependientes, y tratarán de obtener algún poder intentando controlar a la persona de la que dependen; buscan un amo sobre el que reinar (Lacan, 2004).

Suelen idealizar en exceso al partenaire borrando su falta, pero si este cae en su seducción (otra de sus formas de obtener poder desde su sentimiento de impotencia) le despreciarán. Atrapados en este sufrido conflicto no es de extrañar que muchos sujetos histéricos se enamoren de parejas poco convenientes.

Parejas que les confirman sus sentimientos propios de minusvalía, que les culpabilizan, o que se muestran sin falta ejerciendo un dominio casi total sobre ellos. Pero hay otras muchas combinaciones posibles en este juego interminable, y a veces infernal, de la negación de la falta.

Los mecanismos contrafóbicos les hacen exponerse o provocar aquello que les da miedo. Por ejemplo, manejar a su pareja llevándole al límite, o buscar una pareja que les sea indiferente.

Como nos recuerda Karpman, en su triángulo dramático, podemos adoptar el rol de perseguidor, víctima o salvador en nuestros conflictos interpersonales. Son formas, igualmente, de negar la angustia de la falta.

El perseguidor culpa a los demás, la víctima busca que otro se haga cargo de ella, mientras el salvador busca sentirse más completo buscando personas que le necesiten.

Como me dijo una paciente: “Hay personas que se sienten mejor haciendo sentir peor a los demás”.

La estructura obsesiva, variante de la estructura histérica

Como ya aprendimos en mi artículo Lo que Mejor… imposible nos enseña del TOC, el obsesivo se encuentra acorazado frente al deseo.

Si el histérico puede necesitar mantenerse en el deseo con la insatisfacción, el obsesivo necesita volver su deseo imposible (Álvarez, 2017), o congelar el deseo del otro en una demanda que él pueda controlar y no lo deje en falta.

Si el obsesivo se acerca al cumplimiento de su deseo se angustia. Si deja de desear se deprime. Sólo puede permanecer en el deseo alejándolo cuando se acerca demasiado.

La histeria en Escarlata O’Hara

Escarlata, el personaje interpretado por Vivien Leigh, en la célebre Lo que el viento se llevó, nos puede ilustrar lo que sería un modo de histeria. En la película, Escarlata no aguanta la falta de ser excluida o rechazada, se enamora de Ashley en el momento en que este decide casarse con otra.

Ante su desvalimiento utiliza su poder de seducción, se rodea de hombres compulsivamente, hombres a los que utiliza, casándose finalmente con uno de ellos que, por lo demás, le resulta completamente indiferente.

Cabe suponer que si Ashley se hubiera casado con ella, Escarlata no habría tardado en rechazarle de nuevo. Del conflicto familiar, matriz de este comportamiento, la película nos muestra a una madre que no desea al padre; la autoridad del padre esta borrada.

Cuando esta falta de deseo y estimación hacia el padre se produce, la hija puede quedar huérfana de límites, sin tolerancia a la frustración.

La histeria en Vittoria

Vittoria es el personaje interpretado por Monica Vitti en la película El eclipse, de Michelangelo Antonioni. Vittoria esta atravesando una crisis de identidad, vaga por los escenarios de la película como en un extrañamiento de sí misma y de lo que le rodea. Busca apoyo en su madre, pero no lo recibe.

El padre en esta ocasión no esta borrado, pero sí fallecido. Vittoria no parece desear nada, retoza como un gato perezoso, se hace preguntas importantes, pero nadie sabe responderlas en una sociedad alienada, los hombres no son para ella, en sus propias palabras, un pasatiempo diferente a leer un libro.

Aquí ya no vemos la típica histeria freudiana, la del sujeto que se muestra desvalido en busca de protección, sino que sencillamente el Otro parece no existir, o no significar nada. Quizás por eso el romance con el personaje interpretado por Alain Delon es de los más desasosegantes de la historia del cine y nos muestra un esquema de interacción que se acerca ya a las relaciones en la posmodernidad.

Pedro Hoyos González
Pedro Hoyos González
Graduado en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia; Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Complutense de Madrid.

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