Ciencia y religión: ¿Valoran de igual forma las terapias médicas?

Las diferencias entre las personas con creencias religiosas y aquellas que defienden la evidencia científica ha existido desde tiempos inmemoriales. De hecho, existe una creencia generalizada que señala a los creyentes como individuos a los que les cuesta menos creer en la superstición que en la ciencia, a diferencia de los no creyentes.

No obstante, una reciente investigación muestra una realidad muy diferente en cuanto a la percepción que tienen ambos grupos sobre la efectividad de la oración y la terapia médica.

En los últimos años, los profesionales especializados con Posgrados en Psicología, han volcado su formación y experiencia en estudiar a personas creyentes y no creyentes.

Hasta la fecha, los resultados obtenidos indicaban que el grupo religioso requería menos pruebas para convencerse de que una persona había sobrevivido gracias a una terapia de oración, a diferencia de los no religiosos, que se muestran más exigentes para creer en esta evidencia.

No obstante, la investigación “Religiosity Predicts Evidentiary Standards”, dirigida por Emilio Lobato, muestra que, si bien existen diferencias en cuanto a los estándares probatorios de las personas creyentes y no creyentes, la realidad es que ambos grupos muestran una tendencia similar a la hora de creer en la evidencia científica, difiriendo a la hora de evaluar las afirmaciones sobrenaturales.

Para llevar a cabo el estudio, los expertos tomaron en cuenta la siguiente situación:

Una persona sufre una enfermedad que pone en peligro su vida. Por este motivo, un grupo de feligreses se reúne alrededor de esta con el objetivo de aplicar un método de terapia de oración para lograr su supervivencia. Tras el plazo de una semana y, contra todo pronóstico, el individuo sobrevive y se recupera.

Hasta la fecha, los investigadores en este tipo de estudios se habían centrado en analizar el número de casos que son necesarios (réplicas exitosas) para que las personas, ya sean creyentes o no, crean en la efectividad de un tipo de terapia (religiosa o médica).

No obstante, esta investigación ha encontrado conveniente incorporar también las réplicas fallidas (casos necesarios para convencerse de que la terapia no funciona), ya que la ciencia no procede simplemente reuniendo evidencia para apoyar hipótesis, sino que también busca evidencia que pueda probar que una afirmación pueda llegar a ser falsa.

En la misma línea que estudios anteriores, la investigación muestra que tanto las personas religiosas como las que no lo son manifiestan un comportamiento similar en cuanto a la efectividad de la terapia médica.

Es decir, el grupo creyente no mostraba prejuicios contra el razonamiento científico, necesitando el mismo número de réplicas exitosas que los no creyentes para convencerse de que esta funcionaba.

Del mismo modo, ocurre lo mismo con las réplicas fallidas (pacientes que fallecieron a pesar de la terapia médica), observándose una postura similar entre el grupo de personas creyentes y no creyentes.

Al analizar la percepción de la evidencia en cuanto a la terapia religiosa, los investigadores hallaron un comportamiento sorprendente. El grupo de personas no creyentes necesitaba la misma cantidad de réplicas exitosas que las personas religiosas (un límite muy bajo) para convencerse de su efectividad.

Este resultado entra en contradicción con la creencia generalizada de que este grupo es más exigente e incrédulo a la hora de convencerse de la efectividad de la oración.

Sin embargo, esta actitud no se repite en el caso de las réplicas fallidas. El grupo de personas religiosas requería un menor número de repeticiones para juzgarla como ineficaz, al contrario que las creyentes. Este comportamiento es conocido como el estándar de Sagan, que sugiere que las afirmaciones extraordinarias son evaluadas con un estándar más alto que las científicas.

En conclusión, tanto las personas religiosas como las no religiosas parecen evaluar las afirmaciones científicas de manera similar. No obstante, difieren en cuanto a la visión que tienen a la hora de valorar las afirmaciones sobrenaturales.

Los investigadores especulan que, al haberse realizado en Estados Unidos, un país en el que incluso las personas no creyentes han tenido una educación basada en la fe, es probable que el grupo no religioso continúe influenciado por las experiencias vividas durante la infancia, haciéndoles simpatizantes de este tipo de creencias sobrenaturales.

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