5 trucos para dejar de ver la maternidad como sacrificio

Ser mamá no es el destino predeterminado de toda mujer. No es una vocación innata ni una obligación social. Es una posibilidad. Una entre muchas que tiene una mujer al crecer y madurar.

El problema con la maternidad es que por milenios se ha visto como una obligación, entonces, es difícil entenderla como una opción.

Para muchas mujeres que son madres, esta dualidad entre elección e imposición, les dificulta el disfrute de una labor cotidiana. Porque más allá de romanticismos, ser mamá es algo que implica acciones concretas, trabajo, esfuerzo físico.

Pero como toda acción en la vida, es posible disfrutarlo. Eso sí, implica una reflexión introspectiva que nos permita ver los puntos positivos y negativos de esta faceta de la vida, sin caer en el cansancio y agotamiento que pueden llevar a verla como un sacrificio.

No hay una receta mágica para disfrutar la maternidad, pero estos consejos pueden ayudar a una mamá agotada a ver un rayo de luz positivo entre el cansancio cotidiano, sobre todo cuando sus hijos están muy pequeños.

Piensa que todo tiene fecha de caducidad

¿Tienes hijos pequeños? ¿Vives agotada tras noches sin dormir, tras pasar horas tratando de entender lo que dice un niño que aún no sabe expresarse?

Es normal que te sientas reventada de cansancio y que pienses con mucha frecuencia que la maternidad no era para ti. Y no es que seas “mala madre”, es que el estrés de cuidar a un ser que no se vale para nada por sí mismo es agotador.

No son ideas extrañas, no son locuras del momento. Es perfectamente normal.

¿Cómo sobrevivir esa etapa sin sentirse culpable por un cansancio que es perfectamente normal? Ayuda visualizar que es un tiempo corto. En el momento parece increíblemente largo. El final parece inalcanzable, pero en realidad a los 4 años los niños en general son terriblemente autónomos (caminan, duermen y comen solos, lo cual parece lógico pero es un aprendizaje terriblemente complejo), y pueden expresar lo que quieren.

De ahí en adelante, con la escuela y sus actividades normales, el tiempo en común será menor y menos intenso. No es un consuelo vacío, es simplemente relativizar las cosas en el tiempo, lo cual permite disfrutar un poco más una etapa que suele ser agotadora y compleja.

Sin culpas

Nuevamente podríamos entrar en un debate sociológico sobre cómo las mujeres portamos una culpa continua si no somos lo que en nuestro contexto se entienda como ser “la madre perfecta”.

Aquí la cuestión no es de analizarlo, sino de traducir esta situación en un consejo concreto para alcanzar un mejor equilibrio vital en relación con la maternidad.

Si analizas tu labor cotidiana como mamá verás que haces lo mejor que puedes. Trabajas, te esfuerzas físicamente por satisfacer las necesidades materiales y emocionales de tus hijos, acabas rendida y muchas veces no tienes tiempo para ti misma. Y aun así encuentras cómo sentirte culpable.

El consejo concreto es cotidianamente valorar el esfuerzo realizado e ir relegando la culpa. Poco a poco, lograrás vivir la maternidad como una faceta más de tu vida que no debe estar cotidianamente decorada de culpas y remordimientos.

Respeto

Parece increíblemente lógico, pero para mucha gente no lo es. Los hijos, desde pequeñitos, desde bebés, son personas. Seres humanos completos, sólo más jóvenes que nosotros, sus padres.

Si empezamos tratando a los hijos como personas y respetando su individualidad, las cosas fluyen mejor. En vez de preguntarnos ¿por qué mi hijo llora y llora? ¿Los bebés no hacen más que llorar? Podemos pensar que muchas personas lloran, y ello a pesar de que los adultos podemos usar el lenguaje oral o escrito para expresar nuestras frustraciones.

Quizá un bebé no precisa de un enfoque diferente al que usaríamos al consolar o atender a un adulto. Podemos pensar en un bebé, un niño pequeño o un adolescente simplemente con respeto como ser humano y de esa forma la labor de ser su mamá será menos angustiante y cargada de sufrimiento.

Comunicar

Toda persona tiene muchas cosas que decir y comunicar. La cuestión es que cuando una mujer se convierte en mamá, el tiempo se reduce por la gran cantidad de ocupaciones que tiene como madre.

Sus círculos sociales pueden cambiar drásticamente, el tipo de salidas que hará, y los momentos con que cuenta para expresar el cúmulo de cosas que están sucediendo en su vida se reducirán significativamente.

Es como una relación inversamente proporcional: más cosas y emociones a compartir, y menos tiempo y personas para hacerlo. Es importante por ello hablar mucho con la pareja: siempre encontrar un momento para intercambiar puntos de vista y escuchar lo que el otro opina.

También rodearse de un grupo cercano de amistades o familiares con quién hablar en confianza y en quién poder apoyarse en momentos de estrés extremo o cansancio.

Comunicar con nuestros propios hijos también es importante. Desde pequeños, hacerlos partícipes de las decisiones que los afectan sin delegar responsabilidades en ellos, es una forma excelente de disfrutar una maternidad sin culpas.

Encontrar el equilibrio

Como bien lo decíamos desde un principio, ser mamá no es la hoja de ruta para todas las mujeres. Pero incluso para aquellas que se sienten bien en su rol de mamás, que lo han elegido pensando en los pros y contras, no es una buena idea dedicarse solamente a ser mamá.

Tener una vida independientemente de la maternidad es la mejor forma de no vivir con culpa la faceta de ser mamá. Salir para trabajar y para tener actividades recreativas o placenteras es una forma de balancear la intensidad que representa cuidar de un ser que tiene una gran dependencia hacia uno.

Nadie puede sacar agua de un pozo vacío, por ello, es fundamental que como mujer, no concentremos toda nuestra energía en la maternidad.

Ello también permite disminuir la culpa cuando cometemos “errores” o cuando creemos que no lo estamos haciendo bien. Podemos ver el cuadro completo de nuestra vida y en cierta forma, apreciar el gran esfuerzo que hacemos, el trabajo emocional que realizamos y lo importante que es vivirlo un día a la vez, sin culpas y con amor.

No es fácil dejar de llorar por el cansancio, por las decisiones que creemos “mal” tomadas, pero estos tres consejos son un buen comienzo para empezar a vivir esta faceta de la vida con un poco más de tranquilidad y sonrisas.

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