Transexualidad: El logro de la normalización

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En 2014 se aprobó la ley integral para la no discriminación por identidad de género y reconocimiento de los derechos de los transexuales en Andalucía. Esta ley regula los procedimientos para facilitar el cambio de género procurando la igualdad y no discriminación en todos los aspectos: escolar, laboral, social y sanitario.

En Málaga existe desde hace muchos años una Unidad especializada en Transexualidad e Identidad de Género (UTIG) en la que se han atendido por equipos multidisciplinares a transexuales y que en la actualidad se ha desmantelado como consecuencia de la nueva ley que descentraliza los servicios. Una de las consecuencias es que el diagnóstico y tratamiento psicológico que estaba protocolarizado desaparece y pasa a ser voluntario, disponible pero no obligatorio.

Dado que la transexualidad no es una enfermedad mental, no tiene por qué ser tratada por servicios de salud mental y con esta actuación se pretende despatologizar al colectivo trans. Este hecho ha sido aplaudido por algunos y denostado por otros como una pérdida injustificada en la calidad de la atención.

La normalización de la transexualidad me parece uno de los logros más importantes de la salud mental y aporta salud social. Pero también plantea ciertas dudas sobre cómo se entiende la salud mental y nuestra profesión como psicólogos, cuándo debemos intervenir y cuándo no. La salud es un concepto que va más allá del contrario de la enfermedad, tiene que ver con la calidad y la posibilidad de disfrutar la vida.

Mis primeros conocimientos sobre la transexualidad comenzaron a los 13 o 14 años cuando un amigo me descubrió que había estado habitando el cuerpo equivocado que Dios le había prestado. Como tantos adolescentes descubrí que la realidad no siempre se ajustaba a lo que se suponía, no todos cumplíamos los estándares y la diversidad se mostraba también en relación al “género” humano.

Tal como yo veía la transexualidad a los 14 (años 70) el problema no podía estar en la mente, ya que él era inteligente, sensato, responsable, tremendamente bueno y simpático. El problema estaba en el cuerpo. Pude ser testigo de insultos, vejaciones y cosas peores que mi fuerte amigo hacía como que no le hacían mella. Curiosa la incomodidad de ir a su casa y preguntar por él tratando de decir su nombre masculino pero haciendo cosas raras con la boca para que su familia no se diese cuenta y creyeran que decía el femenino. Mejor que pensaran que debía ir a un logopeda que lo que me parecía una falta de respeto hacia él.

Cuando estudié psicología, la transexualidad estaba incluida dentro de los trastornos mentales, algo a lo que yo me revelaba, y que afortunadamente desapareció de esa clasificación. La intervención psicológica solo tenía sentido en ayudar a que la gente se aceptara, en ayudar a las familias a comprender a las personas que dios había disfrazado de quien no era como si fuese una broma siniestra.

¿Pero qué es y cómo se forja la identidad? La RAE nos da estas acepciones: Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás. Hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca.

La identidad se inicia cuando el individuo se percibe distinto de otro, cuando el niño sabe que ya no es la madre o el entorno, cuando adquiere conciencia de sí. La identidad de género se establece ya hacia los 4 años y los niños se empiezan a ver diferentes de las niñas por algo más que un pelo, una ropa o mirarse en el espejo.

Identidad y autoconcepto en la transexualidad

Parte de la identidad, la autoestima y el autoconcepto, se construye por el reflejo en el espejo de los demás sobre nuestra persona. No es una cuestión de gusto por una ropa, es la conciencia de ser uno mismo. Esa conciencia de sí está en el cerebro no en los órganos sexuales, ni en DNI, ni en el espejo. Mi identidad también se había forjado en parte con la amistad de esta persona que me proporcionó un aprendizaje de que las cosas no son siempre como parecen, de la capacidad de lucha por defender la integridad personal, de la bondad por encima de las dificultades.

Hoy en día con los nuevos avances de la medicina, es más fácil cambiar la morfología y estado hormonal que trasplantar un cerebro, que además funciona bien y mataría la identidad completa y al resto del organismo. Pero no es un proceso sencillo y no tiene marcha atrás. Hay que tener una voluntad y una personalidad fuerte para llevarlo a cabo con éxito. La transexualidad es parte de la naturaleza, una variante en la conformación de la persona. Tan natural serlo como no serlo.

Aceptar quién eres y cómo eres es esencial, pero el malestar creado por el error de habitar un cuerpo que no es tuyo, ante una sociedad que no te comprende, puede provocar una brecha. Cambiar la apariencia física, enmendar los errores de Dios, supone un reto para la personalidad para el que el acompañamiento psicológico puede ser tan importante como el médico.

El estigma de ir al psicólogo es algo de lo que la sociedad también debe desprenderse ya que no aporta nada a la calidad de vida y entorpece la obtención de recursos que pueden evitar sufrimientos posteriores o facilitar una mejor adaptación ante situaciones complicadas como puede ser una catástrofe, un accidente importante, un tratamiento de obesidad, o por qué no, un tratamiento de cambio de género, no porque sea patológica la transexualidad sino porque el proceso de cambio es físicamente traumático aunque sea emocionalmente reparador.

Reconocer un problema, no justifica la marginación educativa, social, sanitaria, económica o personal, algo tan evidente cuando se habla de diabetes. Pero negar su existencia, aunque sea por normalizar, no ayuda a resolverlo y en ocasiones sí puede tener como consecuencia la marginación.

Photo Credit: Transexual via Shutterstock

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Teresa Ivars

Teresa Ivars

Licenciada en Psicología con la especialidad de clínica. Master en Atención Temprana.
Teresa Ivars

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Comentarios

  1. dice

    Aunque yo tambien apoyo la despatologización psiquiátrica de la transexualidad, debo comentar que aún sigue apareciendo en los textos de clasificación de enfermedades mentales (CIE-10 de la OMS, y DSM-5 de la APA) como un trastorno mental.

  2. dice

    Gracias Teresa. Encantada de conocerla , no he tenido el placer de conocerla pero me hubiese gustado mucho haberla tenido o tenerla por facultativa. Estoy de acuerdo con usted. Yo inicié tarde mi transformación , a los 43 años, pero he completado toda mi transformación y estoy muy contenta, lo malo es que como no estoy muy femenina la gente (mejor dicho algunos) se burlan de mi. La consulta con mi psicóloga , Trini (Trinidad Bergero) era muy útil porque así tenía alguien con quien hablar porque ahora desde que quitaron las Psicología de UTIG de Málaga, ya apenas hablo con nadie , ni tampoco quien me aconseje. Soy una mujer que no me considero enferma, mi mente ha sido siempre igual antes y después de mi toma de conciencia. Recuerdo que la dr. Esteba se río cuando me dijo si había tenido alguna ve alucinaciones o algo raro en la mente y le contesté que ni propiéndomelo las he tenido porque hubo un tiempo que yo deseaba ver a Dios o a Cristo en mi etapa antes del Seminario y estudiando en el mismo Seminario . No me considero loca pero también soy consciente que no soy como los demás y ese reconocimiento me gustaría que persistiera siempre porque también es un acto de humildad y de cordura.
    Saludos.

  3. Juan dice

    Yo también conocí a ese gran y fuerte amigo que tenemos en común y digo gran y fuerte porque leyendo tu artículo han venido a mi memoria episodios escabrosos y espantosos que él vivió que si llegasen a sucederme a mi, creo que me hubiese costado más que a él declinar mi identidad de género

    Teresa es un artículo muy bueno y tocado desde un punto de vista que cualquier profesional de vuestro gremio casi nunca es tratado, como es el punto de vista de la sensibilidad y el sosiego
    Quizás porque viviste muy de cerca lo que es la disforia de género (que tampoco se puede decir esa palabra porque es la que mantiene a la transexualidad como enfermedad mental. Gilipolleces!!! ), quizás porque viviste el alma del compañerismo que existía en nuestro grupo, recuerdas?nos hacíamos partícipes de cualquier sufrimiento que pareciese el amigo, quizás, quizás, quizás…como dice la canción, porque eres un ser excepcional y elegida para poder comunicar al mundo que ser un buen psicólogo ha sido el mejor acompañamiento que ha podido tener un ser tan especial como tu amigo, en un proceso tan duro y doloroso y a la vez tan deseado.
    Te quiero y seguro que él te quiere más todavía.

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