También la mente necesita de un primer auxilio

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Sin caer en el dualismo cartesiano, el cuerpo requiere de primeros auxilios cuando su vida o su integridad están en riesgo. En el mismo sentido la mente también lo necesita.

Los primeros auxilios cumplirán el propósito de proteger y mantener la vida de las personas mientras llegan los equipos de atención especializados, practicando técnicas simples para prevenir cualquier complicación adicional. Estos, de igual forma, deberán estar sujetos a conocimientos aprendidos en los que no se falle por omisión o por exceso de una acción.

Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAPs) tendrán el mismo propósito. De acuerdo a las Guías IASC sobre Salud Mental y Apoyo Psicosocial en Emergencias Humanitarias y Catástrofes, los PAPs serán la respuesta de apoyo a una persona que esté sufriendo, sin implicar acciones de terapia o clínica psicológica. Por lo tanto, todos los seres humanos estaríamos capacitados para brindarlos, pero obteniendo los conocimientos e información básica para hacerlo.

La crisis podría ser el comienzo de alteraciones psicológicas o descompensación psíquica, los PAPs consistirán en ese primer auxilio para (citando a las guías IASC):

  • Proteger a los sobrevivientes de daños mayores o adicionales, por ejemplo, el tomar malas decisiones.
  • Permitir la oportunidad de que se hable y condescender la expresión emocional, este proceso será ampliamente significativo para la comprensión y el entendimiento.
  • Disminuir el riesgo de aparición de alteraciones en la salud mental.

Para la Organización Panamericana de la Salud, los primeros auxilios psicológicos, serán brindados en las primeras 72 horas y de forma adicional buscarán proporcionar alivio al sufrimiento emocional, reducir el riesgo de que las reacciones normales de la crisis psicológica se transformen en patológicas y ayudar a satisfacer las necesidades básicas como el contacto con familiares.

¿Qué hacer?

Para brindar un primer auxilio psicológico deberemos comprender los siguientes pasos generales:

  1. Identificar las características ambientales: ¿la escena es segura?, ¿cuántas personas se encuentran afectadas?, ¿qué sucedió?
  2. Establecer un contacto con la persona, permitir la confianza, preséntese, haga que se interese por usted, informe que puede ayudarlo, haga preguntas situacionales, del aquí y del ahora. Evite preguntas de tipo emocionales de “¿cómo se siente?”.
  3. No haga muchas preguntas, muéstrese interesado, la persona probablemente tenga muchas cosas para decirle o contarle, permita la expresión de emociones. Esto solo será posible cuando la persona construya una confianza.
  4. Indague soluciones, ¿qué ha hecho la persona hasta ahora?, ¿qué podría hacer? Ofrézcale la información con la que usted cuente, no mienta cuando no cuente con esa información, la información será fundamental ya que reduce el grado de incertidumbre.
  5. Motive a la persona a la autonomía, estimule a realizar la acción por sí misma, de no ser posible intente contactar fuentes de apoyo familiar o profesional.

Por naturaleza los seres humanos somos seres gregarios, el contacto con el otro nos tranquiliza, su rol como primer auxiliador es producir ese primer vínculo para que la persona pueda expresar sus emociones en un ambiente más controlado, disminuyendo la intensidad del estrés, permitiendo el desarrollo de estilos adecuados de afrontamiento, fomentando la toma de decisiones y vinculando con redes de apoyo cercanas.

¿Qué no hacer?

La empatía no es compartir su propia historia: “a mí también me ha pasado lo mismo” o “yo sé por lo que estás pasando”. Aunque esto parezca empático, solo ofrece una opinión y posición personal. No se comprometa por largo tiempo o que todo lo puede resolver en ese momento, esto solo generará complicaciones adicionales y fomentará la dependencia, estimule a la persona a que pueda continuar por sí sola, “lo has hecho muy bien”, “puedes hacerlo”.

Libérese de prejuicios o estereotipos, esto solo podrá limitar el correcto desarrollo del duelo y las emociones vinculadas a la situación, recuerde, la expresión de las emociones permiten la aparición del entendimiento y comprensión, la crisis psicológica no es buena ni mala, la persona a través de sus recursos puede aprender de la misma. Por último, no se apresure, de acuerdo a su estilo de afrontamiento las personas tendrán su propio ritmo de resolución, no limite la crisis y el duelo a un tiempo definido.

Photo Credit: Mente via Shutterstock

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Juan Pablo Mora

Juan Pablo Mora

Psicólogo especialista en valoración del daño en la salud mental, Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Nacido en Medellin, Colombia con residencia actual en Buenos Aires, Argentina. Experiencia en apoyo psicosocial, docencia, clínica e investigación.
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Comentarios

  1. Melina dice

    Me encantó la nota! Conceptos y consejos muy útiles para todos los profesionales de la salud mental y ¿porque no? para cualquier persona. Una muy buena síntesis que puede ayudar a mejorar la calidad de las personas!

  2. Martha Penagos dice

    Excelentes y necesarias recomendaciones que garantizarían mínima estabilidad emocional a la persona o personas que les corresponda afrontar eventos catastroficos. Si se auxilia la mente, así como el cuerpo, en esa serie de eventos – mas fácil se pueden superar las pérdidas . Muy bien.

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