Presente, pasado y futuro: ¿Dónde tienes la cabeza?

chica relajada

Uno de los principales objetivos del Mindfulness, clave también en la Terapia de Aceptación y Compromiso es el de ayudar a la persona a contactar con el momento presente. Es curioso con qué facilidad las personas nos desviamos de lo que estamos haciendo en un momento dado, yendo con el “piloto automático”, pensando en la conversación que tuvimos ayer con alguien, o en qué cenaremos esta noche. Otros ejemplos pueden tener mayor impacto emocional, como pensar en “por qué dije lo que dije”, o “por qué no hice lo que quería hacer”, o “qué pasará si me quedo sin trabajo…”.

Por las necesidades del entorno, nos hemos convertido en “resolvedores de problemas”, de modo que aun cuando no estén presentes; al conducir hacia el trabajo, por ejemplo, invertimos nuestro tiempo en prevenir situaciones futuras o analizar las pasadas tratando de sacar conclusiones.

Esta tendencia a pensar sobre el futuro tiene sentido dado que para la mayoría de personas es aversivo vivir en la incertidumbre, de modo que previendo escenarios y qué haremos en cada uno de ellos nos puede proporcionar cierto alivio al sentirnos preparados, con capacidad de controlar la situación y así reduciendo dicha incertidumbre. Que la incertidumbre o ambigüedad sean aversivas es algo totalmente adaptativo y funcional, pues aliviar este malestar hará que probablemente tengamos éxito en situaciones futuras similares.

Del mismo modo, darle vueltas a hechos pasados puede ser hasta cierto punto útil. Si nos fue mal una tarea, analizar los posibles motivos y qué cambiar de ella, nos permitirá sacar conclusiones para que no vuelva a suceder más adelante.

Desde un enfoque contextual-funcional, las cosas no son por sí mismas ni buenas ni malas, y dependen de si nos están sirviendo, funcionando, o no, y a qué coste. De este modo, si vemos que son habilidades que afortunadamente hemos desarrollado los humanos y nos han facilitado la vida en muchas ocasiones, es igualmente cierto que en ocasiones esta habilidad puede ser contraproducente, o tener un coste excesivo.

Ejemplos de ello pueden ser situaciones en que estás hablando con un amigo, un cliente del trabajo, un familiar… sin apenas implicación, con la cabeza en otro sitio. ¿Qué calidad de trato estás ofreciendo a los demás? ¿Es ese el tipo de amigo, trabajador, pariente que quieres ser? Puede suceder también al realizar algún tipo de actividad, degustando una sabrosa cena o visitando un nuevo lugar, ¿hasta qué punto estás disfrutando del momento, cuan rica es tu experiencia? 

A menudo, nos alejamos del momento presente con la finalidad de evitar el sufrimiento que el momento nos produce. Como la persona que aparta la mirada en una película de terror, quien se pellizca cuando le van a inyectar una vacuna, o el conferenciante que se imagina su audiencia desnuda para con ello reducir su malestar por hablar en público.

Como anunciábamos, las cosas no son buenas ni malas per sé, si no que dependen del contexto en que se dan, y lo conveniente es centrarse en si nos hacen la vida mejor o no. Quizás, aceptar el malestar de hablar en público (que no sea algo contra lo que luchar), y centrarse en el contenido y cómo captar la atención de los asistentes sea más efectivo que estar pendiente de los pensamientos o emociones que puedan venir, y tratar de reducirlos con algún tipo de técnica.

Siguiendo el ejemplo del conferenciante, es probable que al contactar con el momento presente, la persona vea aspectos positivos y agradables de realizar una buena exposición y observar que resulta interesante y provechosa para su audiencia. Será también más sensible, estando en el presente, a detectar qué aspectos causaron mayor o menor expectación, para poder mejorar en esta faceta.

En conclusión, los seres humanos tenemos grandes habilidades que nos permiten predecir, anticipar situaciones y mejorar en base a revivir momentos pasados o prever posibilidades futuras. La cuestión es que dicha habilidad en ocasiones puede ser contraproducente (estoy seguro que sabrás identificar algún ejemplo en tu vida), limitando nuestra capacidad de vivir el momento en su plenitud.

Una buena técnica para mejorar en este aspecto sería practicar el “volver al presente”, es decir, el darse cuenta de cuando uno lleva tiempo “colgado” en sus pensamientos, de manera no fructífera, para volver a lo que está haciendo. Un buen recurso para este aterrizaje al momento presente puede ser prestar atención a la respiración, o al contacto de los pies con el suelo, algo que siempre nos acompaña y se puede experimentar en el lugar en que sucede la vida, el aquí y ahora.

Photo Credit: Chica relajada via Shutterstock

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Joan Rullan
Psicólogo licenciado por la Facultad de Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Colegiado número 22.147 en el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. Máster en Intervención Psicosocial por la Universidad Autónoma de Barcelona. Postgrado en Coaching y Desarrollo personal por la Universidad de Barcelona. Master en Terapias Contextuales.
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