Subjetividades asociadas al uso de Internet

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El proceso de subjetivación de un objeto se encuentra vinculado a la personalización de contenidos valorados socialmente. El mismo se refiere a la relación entre lo objetivo y lo subjetivo, al tránsito de lo externo a lo interno de las cualidades psicológicas del individuo, lo cual se explica mediante la ley genética del desarrollo de Vygotski. La misma postula que todo proceso psicológico aparece dos veces: primero en las relaciones interpersonales y luego como dominio intrapersonal.

Internet constituye una masa, el espacio ideal en el que confluye un conglomerado de personas, la mayoría con un fin común. Freud en 1948 en su obra Psicología de las masas y análisis del yo, caracterizó la masa como el conjunto de particularidades que comparten los individuos en su interior y que a su vez permite que se enlacen y comuniquen sus ideas entre sí.

Para considerar Internet como una masa resulta indispensable que los miembros que la componen posean intereses relacionados a un mismo objetivo, experimenten sentimientos en presencia de una situación dada y ostenten de cierta manera la facultad de influir unos sobre otros. En la medida en que esta homogeneidad mental sea más enérgica, con mayor facilidad y fortaleza se constituirá la masa psicológica.

Este constante intercambio de pensamientos, símbolos y saberes, en este juego de roles que constituye Internet, se brinda la posibilidad de establecer sutiles e ingenuas igualdades entre los individuos. Cuando se establece el proceso de subjetivación de Internet, esta comienza a formar parte de los sentidos psicológicos, específicamente como configuraciones psicológicas complejas.

De este modo, la regulación y autorregulación del comportamiento va estar matizada por la relación que el individuo establezca con Internet, además de la significación e importancia que este le proporcione a las cualidades que ha subjetivado del objeto. Uno de los factores esenciales para analizar y pensar el proceso de subjetivación de Internet se resume al periodo etario en el que se encuentra el individuo, pues en cada etapa del desarrollo psicológico ocurren cambios que modifican el funcionamiento de la personalidad.

En 2009 por la Fundación Pfizer realizó un estudio el cual reveló que en España el 83,7% de las familias poseía disponibilidad de Internet en el hogar, destacando que los jóvenes entre los 17–20 años de edad se enmarcaban como los mayores consumidores de ese servicio. La juventud se encuentra entre los periodos del desarrollo en que el individuo permanece en mayor contacto con Internet. Una de las esferas que cobra mayor importancia en la edad juvenil es la afectivo-motivacional. Dentro de ella se incluyen formaciones psicológicas complejas como los ideales, la autovaloración, la concepción del mundo y el sentido de vida, el desarrollo moral y los motivos e intereses profesionales. Estas formaciones, conjuntamente con otros contenidos psíquicos, son las que promueven una relativa independencia en el sujeto de las influencias externas.

Encontrarse inmersos en una masa con las características de Internet va a provocar, que el individuo se sitúe en condiciones que le permitan suprimir las represiones de sus tendencias inconscientes. Esta cuestión reviste vital importancia en la juventud, momento caracterizado por la consolidación de las principales adquisiciones alcanzadas en los períodos anteriores del desarrollo y por la tarea principal que debe enfrentar el joven: la autodeterminación en las diferentes esferas de la vida.

El joven se encuentra ávido de poseer una versión ideal de sí mismo que contenga muchas más características positivas o virtudes, que defectos y el ciberespacio le brinda esta oportunidad. En esta búsqueda de ideales y desarrollo moral, el entorno virtual juega un rol de facilitador para que el individuo disponga de un segundo Ser o de múltiples identidades en aras de lograr el contacto con otro sujeto.

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En su afán de encontrarse con su ideal, las tecnologías del Yo, como las llamara Foucault, permiten a los individuos efectuar por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo, pensamiento y conducta, con el fin de alcanzar determinado estado de felicidad, sabiduría e inmortalidad.

Las tecnologías del Yo están orientadas a afirmar la subjetividad individual. Las redes sociales virtuales se enmarcan como la vía más efectivo de realizarse mediante la aprobación o elogio de la imagen, a través de acciones, comentarios o insinuaciones amorosas. La subjetivación de Internet implica la autoconstrucción de sujetos. El individuo se apropia de esta tecnología en dirección de obrar sobre sí mismo y orientándola a producir algún efecto sobre los demás.

La fácil manera de acceder y realizarse a través de la web resulta en muchas ocasiones un fraude. El usuario debe mentir sobre determinados defectos o actuar por mediación de su otro Ser, creado justamente para participar en el juego de roles de las redes sociales. El individuo es incapaz de darse cuenta que está relacionándose y emitiendo mensajes desde una postura de alguien que no existe, pero mientras esta actitud le reporte beneficios en la comunicación, las relaciones sociales y la popularidad, será imposible que logre reconocerse y reencontrarse con su yo.

El sujeto–usuario se redefine y desde su nuevo yo establece el tipo de interacción que más le convenga con el resto de los sujetos–usuarios del ciberespacio. Envuelto entre las redes de la masa, piensa como ella, se mueve hacia donde ella y actúa en consecuencia. No ve que los demás lo engañan con trucos similares. Internet no solo engendra subjetividades engañadas, también vulnerables a la adicción. La comunicación mediada por la tecnología se ha vuelto el lugar central para la gestión de los cuerpos, los sentimientos, las emociones y las subjetividades.

La subjetivación denota tanto el devenir del sujeto como el proceso de sujeción. Un individuo se siente autónomo solo al verse sujeto a un poder y por ende esta sujeción implica una dependencia. El desarrollo individual implica relación con los objetos, es decir, subjetivarlos. Es en este devenir constante en el que el objeto transita desde lo externo hacia lo interno de las cualidades psicológicas del individuo, que no solo logra subjetivar un objeto determinado, también comienza a ser dependiente y subordinado de dicho objeto.

Una vez el objeto Internet subjetivado y el individuo mantengan una relación que lo lleva a formar parte indisoluble de esa masa psicológica. La relación que en un inicio se estableció bajo parámetros de conformidad y satisfacción personal va a desembocar en una relación de sometimiento y subordinación. Internet posee la potencialidad de penetrar cualquier esfera de la vida cotidiana y es el sujeto quien la modela dotándola de sus características personales.

Georgina Remondino afirma que las redes sociales virtuales como parte de Internet, se enmarcan como tecnologías de poder orientadas por el principio de “Muéstrate a ti mismo”. La regla es que el individuo realice el precepto bajo la norma de lograrlo por su cuenta. La fuente de poder se vuelve invisible cuando las herramientas tecnológicas se ofrecen como amigables y susceptibles de ser manipuladas por el sujeto de libre albedrio.

Un ejemplo patente lo constituyen las expresiones que un individuo realiza en un sitio dentro de una red social. Las evocaciones resultan encarnaciones de las diversas formas de constituirse como un sí mismo al interior de relaciones sociales que regulan lo decible, lo mostrable, lo comunicable por ese sujeto en el espacio público del ciberespacio.

Internet, las redes sociales virtuales y sus constantes flujos comunicativos han provocado que experimentemos una nueva forma de representación de nosotros mismos, de los demás y de la realidad. Desde ella se da también una nueva forma de gobernar y por tanto de ejercer el control sobre las personas.

Resulta muy difícil pensar Internet como benefactora del desarrollo de subjetividades ética y moralmente fortalecidas. Entre otros factores, esto se debe a que la red de redes, es expresión de una época que ha dejado de reconocer la alternativa de otra sociedad y por tanto se cree absuelta del deber de examinarse hacia su interior para demostrar la validez de sus presupuestos. Dentro de este escenario, los medios, Internet y las redes sociales virtuales en general, participan e influyen en la creación de una ideología que no propicia la reflexión sobre nosotros mismos, o sobre la polis en la que vivimos.

Photo Credit: Chica con ordenador via Shutterstock

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Yanquiel Barrios
Licenciado en Psicología, Máster en CIencias Sociales (Universidad de La Habana). Psicólogo Clínico Centro para el Desarrollo Académico sobre Drogodependencias (CEDRO)
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