Detectar mentiras a través del lenguaje no verbal: Mitos psicológicos

detectar mentiras

La psicología social ha sido criticada por estudiar ciertos aspectos y situaciones que según gran parte de la población son de sentido común. En ocasiones, esto produce que la sabiduría popular sustituya el auténtico conocimiento científico en determinados problemas de la vida cotidiana.

Una de las áreas de la psicología en las que se produce este efecto y en la que más falsas creencias existen es en la comunicación no verbal, específicamente en el caso de la detección de mentiras, en la que existen multitud de creencias sobre la utilidad del lenguaje no verbal para detectar las mismas y que no se ven corroboradas por la evidencia empírica.

Podemos entender que una persona engaña o miente cuando facilita una información de forma deliberada a través de medios verbales o no verbales con el objetivo de crear o mantener en otra persona una creencia que la propia persona considera falsa.

Transmitir información, aunque dicha información sea falsa, implica un complejo proceso psicológico en el que la opción de mentir, no deja de ser más que una opción por la que se optará en aquellos casos en que sea la opción que más beneficie. Es importante considerar que mentir o engañar conlleva asociado el conocimiento de que lo que se transmite de forma deliberada es falso en parte o en su totalidad.

Creencias populares tales como que el mentiroso mantiene poco contacto visual (apartar la mirada), taparse la boca, parpadear o gesticular mucho, tartamudear, cambiar la  postura y/o mover las piernas son relativizadas por la investigación científica.

Diversos estudios indican que las expresiones faciales no son buenos indicadores ya que las personas son conscientes de las mismas y por lo tanto pueden controlarlas.

En una revisión de la literatura realizada por Vrij, Zuckerman, De Paulo y Rosenthal (1985) se comprobó que la habilidad en la detección de la mentira oscila entre un 45% y un 64% con una mayor efectividad en la detección de la verdad. En esta revisión de diversos estudios científicos se comprobó que detectamos el engaño en una probabilidad ligeramente mayor que el azar, es decir, la exactitud de las personas a la hora de detectar las mentiras sólo es ligeramente superior a lo esperado por azar o incluso inferior al azar.

La revisión realizada por Jaume Masip (2005) de diversas investigaciones en psicología y comunicación, nos ofrece una interpretación centrada en la eficacia empírica de los indicadores no verbales en la detección del engaño. Nos indica que la detección de la mentira a partir del comportamiento no-verbal es extremadamente difícil y pretende desmontar los falsos mitos existentes al respecto con información válida y científicamente contrastada.

¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?

Existe una creencia popular muy extendida tal y como demuestra el dicho popular “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo” que indica que es fácil pillar al mentiroso.

El procedimiento experimental que se emplea para medir la precisión en detectar mentiras suele consistir en presentar a una muestra de personas (observadores o receptores) una serie de declaraciones realizadas por otras personas (potenciales mentirosos).  Las declaraciones suelen presentarse en formato audiovisual o auditivo a través de grabaciones o representaciones “en vivo” e incluso en algunas ocasiones permiten que emisor y receptor interactúen libremente. Después los receptores indican en un formulario si cada una de las declaraciones es verdadera o falsa.

La revisión realizada por Masip de las distintas investigaciones realizadas con este procedimiento muestra que la investigación científica constata que la capacidad de los seres humanos para discriminar entre mensajes verdaderos y falsos es muy escasa.

Las personas tienden a dar credibilidad a lo que otros dicen, por lo que detectan más verdades que mentiras, aunque este resultado puede deberse al modo en que se han realizado las investigaciones. Existen algunas variables que afectan al nivel de aciertos, pero sus variaciones oscilan entre el 50% y el 60% manteniéndose siempre por debajo nivel de precisión adecuado.

Además la investigación muestra que la escasa capacidad para discriminar entre verdad y mentira se cumple igualmente en personas para las que la detección del engaño tiene una implicación a nivel profesional y al contrario que los demás, muestran una mayor tendencia a considerar que los mensajes son falsos.

Por lo tanto, no es  fácil “pillar a un mentiroso”.

¿Afecta nuestra confianza a la capacidad para detectar mentiras?

En absoluto.  Las investigaciones muestran que las personas no somos conscientes de lo correctos o incorrectos que son los juicios que emitimos de credibilidad. Además tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de diferenciar entre verdades y mentiras.

¿Existen conductas no verbales que indican que alguien nos está mintiendo?

Algunas de las creencias populares sobre aquellas conductas no verbales que emite la persona cuando miente y que permiten detectar el engaño o la mentira son:

  • Mantener  poco contacto visual.
  • Mirar a la izquierda cuando miente, otros dicen que a la derecha.
  • Micropicores.
  • Cambiar de postura.
  • Mayor movimiento de las extremidades.
  • Mayor parpadeo.
  • Sonreír más.
  • Taparse la boca y/o frotarse la nariz.
  • Mostrar más automanipulaciones y gestos ilustrativos.

Todas estas acciones son según la cultura popular rasgos de un mentiroso, aunque no tiene corroboración científica. Muchos de estos estereotipos han sido estudiados y los resultados indican que no tienen una validez universal, tal es el caso de la creencia popular de que el mentiroso aparta la mirada.

La evidencia científica indica que prácticamente ninguno de estos estereotipos es cierto y no son generalizables a toda la población. El significado de los mismos indicadores puede cambiar según las circunstancias, un mismo indicador puede discriminar significativamente en unas circunstancias pero no en otras, y algunos indicadores no discriminan en términos generales pero si en algunas circunstancias muy específicas y a la inversa.

Por lo tanto, la discrepancia entre los estereotipos culturales y la realidad científica muestra el escaso valor que pueden aportar los indicadores de comunicación no verbal para detectar correctamente la mentira.

¿Existe alguna posibilidad de “entrenar” la capacidad de detectar mentiras? 

Se han realizado multitud de investigaciones e intentos destinados a entrenar de diversas formas a los observadores para aumentar su capacidad de detectar el engaño. Los entrenamientos suelen consistir en proporcionar a las personas retroalimentación sobre sus resultados, de forma que puedan ir aprendiendo de sus errores y aciertos e ir efectuando juicios de credibilidad.

Otro tipo de entrenamiento consiste en una estrategia informacional basada en indicar cuál es la relación entre determinados indicadores y el engaño.

Un tercer tipo de entrenamiento consiste en una estrategia atencional en la que se focaliza la atención de las personas sobre determinadas claves sin explicitar su significado o bien sobre aquellos canales más transparentes (por ejemplo, el auditivo).  Los resultados muestran que a pesar del entrenamiento el porcentaje de aciertos no aumenta de forma representativa (del 54% al 57%). Esto es debido no al tipo de entrenamiento, sino a los escasos indicadores de comunicación no verbal que son realmente útiles para  mostrar la presencia de engaño.

Algunos autores indican que entrenar la capacidad para detectar mentiras más que aumentar la precisión, produce un aumento de la tendencia a pensar que los mensajes son falsos.

En conclusión, la revisión de las diversas investigaciones científicas  muestra que las creencias populares sobre la capacidad del ser humano para detectar las mentiras son erróneas. La capacidad del ser humano para discriminar entre verdades y mentiras es extremadamente limitada, no somos conscientes de lo correcto e incorrecto de nuestros juicios de credibilidad y tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de discriminar entre verdades y mentiras.

Bibliografía: 

Masip, J. (2005). ¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo? Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no-verbal del engaño.Papeles del Psicólogo, (92), pp.78-91.Recuperado de: http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=1248

Photo Credit: Mentiroso via Shutterstock

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Eva Cabrero

Eva Cabrero

Licenciada en Psicología.Máster Dirección de Recursos Humanos y Prevención de Riesgos Laborales. Máster Internacional Psicología Forense. Máster en Estudios Interdisciplinares de Género.
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