Pienso, luego me emociono

me emociono

¿Alguna vez has sentido que la vida pasa por ti como si nada? ¿Que no das todo tu potencial? ¿Que no sabes qué hacer con cosas que sientes? ¿Que tus emociones a veces te sobrepasan, te superan y te abaten?

Es lógico que así sea, teniendo en cuenta que no hay demasiadas personas que nos enseñen a manejar todos esos entresijos que forman parte de nuestra estructura comportamental. No se suele enseñar inteligencia emocional, se enseña en los mejores casos como moverse por el mundo para ser alguien económicamente, socialmente o aparentemente.

Pero no emocionalmente. Y sí somos algo, somos emoción. Todo es emocional. Tu primer recuerdo de este mundo seguro que es emocional, los brazos de amor de tu madre, el dolor de una ausencia, la rabia de un golpe, la felicidad de los columpios en veranos azules. Tu último recuerdo de hoy seguro que también lo es, si te irritaste por algo que dijo tu hermano, si echas de menos a tu novio, si te enfadaste con un amigo, si tu jefe te tiene harta, si te sientes sola o derrotada o de puta madre.

No se suele enseñar a manejar las emociones, sin embargo, el mundo y el dinero se rige en base a las emociones de sus habitantes. Los coches de lujo se venden tocando emociones, tocando en sueños de hombres que quieren sentir la emoción de tener un buen coche. ¿Y que es un buen coche sin una tía buena dentro? Lo primero les ayudará a conseguir lo segundo. Las joyas y las pamelas se venden para mujeres que quieren sentirse bellas con perlas y sombreros preciosos. Las lámparas de diamantes adornan casas de alto nivel adquisitivo. Qué arriba creen sentirse las personas tan ricas, con yates y mansiones, con cosas tan caras que estén por encima de otros, que poca gente pueda conseguir y eso les hace sentir poderosos. Superiores. Se piensan y se sienten importantes así.

Lo que tienen que soportar, lo que les tiene que joder, es que haya gente que no tenga nada de eso, ni lo necesite, ni lo envidie, ni quiera una casa de lujo para poder tumbarse a leer una novela, que le baste la hierba de un parque para sentarse, tomar un té con un amigo, escuchar a Chopin, ver una película en un salón cualquiera, ver el espectáculo de un amanecer que es gratis, salir con amigos a tomar cervezas (que son de un precio asequible para la mayoría) y es como comprar risas, momentos divertidos que nada tienen que ver con el marketing derretido por toda la sociedad, intentando vendernos cualquier nadería vestida de imprescindible. Se piensan y se sienten importantes así.

No se suele utilizar el marketing para hacer a las personas inteligentes. No se suele utilizar para desarrollar un espíritu crítico, sino todo lo contrario. Cuanto menos pienses, más fácil será jugar contigo. No se suele enseñar que pensamos como pensamos por todo lo que nos han dicho, por todo lo que hemos visto, vivido, leído y oído. Y claro, no se suele enseñar que todo eso que hemos pensado puede ser cuestionable, puede ser verdad, o mentira, o a medias. O que para cada uno es una cosa, quizá yo sueño con ser escritora y quizá tú aborreces escribir, y eres más de pintar, o de tocar el piano, de correr, de volar, de enseñar números, o eres un cómico, que sé yo.

Que cada persona tiene diferentes formas de mirar como es lógico, que no existe el pensamiento único como la talla única. Porque los cuerpos no son iguales, no se pueden vestir con las mismas prendas. Y las mentes y la forma de procesar la información del mundo tampoco podría ser idéntica para todos.

Hace un tiempo entré en una iglesia, y en la entrada había un cartel: “Purifica tus pensamientos” decía. Y yo, me quedé mirando las palabras, entre a la iglesia, me senté a escuchar el sermón, y las palabras sonaban dentro de mí. Y mi voz interior decía ¿Pero qué tengo que purificar? ¿A qué se refiere esa sentencia? ¿A pecados? ¿A creencias que alguien ha confeccionado para mí? ¿A mandamientos? ¿A pensamientos impuros? ¿Sexuales? ¿A qué exactamente? Quizá a todo eso, o quizá a mucho más. En mi experiencia con los pensamientos, que he tenido unos cuantos, los pensamientos no se purifican. Los pensamientos son los pájaros del cerebro, y vuelan y vuelan, muy alto. Son libres, van de aquí para allá, vuelven, se vuelven a ir. Nadie puede encerrarlos.

Y cuanto más los quieras encerrar (o purificar) más grandes se harán y se convertirán en fantasmas, en cuervos negros grandes dentro de tu cabeza, que no te dejaran casi respirar. Sería deseable que utilices tus pensamientos para tu alegría, para imaginarte mundos, para soñar, crear, inspirarte, para amar sin límites, para hacer lo que quieras.

Photo Credit: Chica pensativa via Shutterstock

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Carmen Calero

Carmen Calero

Psicóloga sanitaria. Email: carmen.vla@hotmail.com

Comentarios

  1. Diego dice

    Hola Carmen.
    Estoy leyendo del tirón todos tus artículos y me siento bastante identificado en ellos pero este en concreto, por el momento de la vida en el que estoy, me ha tocado bien dentro.
    Me gustaría transmitirte mis felicitaciones por tu capacidad para redactar sentimientos. Muchas gracias.
    Saludos…

  2. wilton dice

    pero que hermosa casualidad, todo el día me había estado dando vueltas por la cabeza unas extrañas ideas que me absorbían por completo en una nada y justo aquí con este artículo encontré la calma y la lucidez lo que buscaba. y sí somos emociones.
    Gracias por el

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