Cómo desconectar en vacaciones

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Ya están aquí las deseadas vacaciones de verano en las que la mayoría las podrán dedicar a relajarse y a disfrutar. Aunque sea un momento tan esperado y deseado por todos y, aunque parezca paradójico, el periodo vacacional puede producir en algunas personas, estados de ansiedad e irritabilidad. Y es que, un cese brusco de la actividad a la que estamos acostumbrados, el cambio repentino de horarios o el aumento de horas de convivencia con la pareja u otros familiares, puede resultar muy estresante.

La verdad es que durante las vacaciones debemos hacer frente a ciertas situaciones que nos pueden impedir disfrutar plenamente de nuestro periodo de descanso. No sólo las situaciones, sino nuestra actitud y expectativas hacia las vacaciones.

Varias son las causas que nos pueden impedir el disfrute de nuestro merecido tiempo de descanso:

1. La dificultad para romper con la rutina

Efectivamente, después de casi un año sujeto a determinados horarios y actividades, puede que nos cueste un poco adaptarnos. Durante las vacaciones, los horarios de comidas y de sueño cambian, incrementando la sensación de falta de control en los primeros días de descanso. Hay personas que, además, no consiguen desconectar del trabajo y el uso compulsivo del móvil no ayuda en nada.

Hay gente que se pasa gran parte de las vacaciones en contacto con compañeros de trabajo o atendiendo correos relacionados con éste. Se trata de personas que piensan que son imprescindibles y que además no saben delegar. Una buena estrategia para romper con la rutina sería desconectar progresivamente el móvil, centrarse en el aquí y el ahora e ir adaptando poco a poco los horarios a nuestras necesidades y sobre todo, valorar lo que se posee en cada instante, estrategia que te ayudará a disfrutar más de las cosas que te rodean.

Y, cómo no, cambiar nuestro diálogo interior, es decir, sustituir los, por ejemplo: “Debo de estar en contacto con los compañeros de trabajo todo el rato, ya que seguro que van a necesitar algo de mí” por el pensamiento más ajustado a la realidad, del tipo: “Las vacaciones son para disfrutar y relajarse. Cuando vuelva a la oficina ya atenderé esos problemas”

2. La sobre-idealización de las vacaciones

Hay personas que idealizan las vacaciones de tal manera y tienen unas expectativas tan altas, que podría convertirse en una carga y sentir frustración si no se cumplen sus expectativas. Y esto ocurre porque, la gran mayoría de nosotros elegimos las vacaciones en el mismo periodo de tiempo y nos encontramos, en la playa o en los lugares de descanso, las mismas aglomeraciones y los mismos atascos que nos encontramos en la gran ciudad.

Creemos que vamos a hacer muchas cosas muy variadas en un corto espacio de tiempo y la realidad es muy tozuda y nos recuerda que, como dice el refrán, “quién mucho abarca, poco aprieta” Deberíamos rebajar nuestras expectativas, adaptando las actividades a la disponibilidad real de nuestros días de vacaciones.

Dar más importancia a la calidad que a la cantidad y buscar destinos vacacionales no tan masificados, así evitaremos estados de ansiedad e irritabilidad. También aquí, en este punto, se hace necesario un cambio en nuestra forma de pensar. Es decir, cambiar las frases del tipo: “Tengo que pasar unas vacaciones muy relajadas y sin ningún contratiempo” por una frase menos absolutista, del tipo: “Quiero pasar unas buenas vacaciones, pero soy consciente que pueden ocurrir ciertos contratiempos”

3. Los problemas con la familia

Para las parejas que atraviesan por dificultades, las vacaciones de verano pueden convertirse en un verdadero “infierno”. Se pasa mucho más tiempo juntos y los problemas que han estado “ocultos” a lo largo del año, se muestran con toda su crudeza durante el mayor tiempo de convivencia en vacaciones. Los datos de los divorcios al final del año vienen a ratificar que las vacaciones, lejos de arreglar los problemas, en muchos casos, los empeoran, precisamente por el tiempo que se pasa juntos.

Es preciso, de cara a evitar conflictos durante las vacaciones, intentar resolver los problemas con la pareja antes de la convivencia estival y ser un poco más tolerante y comprensivo/a.

Para terminar, y a modo de resumen, en las vacaciones podríamos: leer un libro en vez de estar todo el tiempo conectados a Internet; hacer ejercicios de relajación o meditar; potenciar nuestro sentido del humor, especialmente durante las vacaciones; relativizar los pequeños contratiempos; disfrutar del tiempo de calidad con la familia; plantearse la posibilidad de realizar, en vacaciones, algo distinto: colaborar en una ONG, buscar destinos poco masificados, etc.

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Julián Illán
Psicólogo e ilustrador. Creador de la web de psicología donpsico.es
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