Cómo aprender a tomar buenas decisiones

tomar buenas decisiones

¿Eres de los que se tira un rato cada día para decidir la ropa que se va a poner?, ¿Cuando quedas con un amigo para tomar algo, le dejas siempre la responsabilidad al otro de elegir el sitio?, ¿Ir a un buffet libre es un infierno porque te abruma tanta comida para escoger? Pues sigue leyendo porque lo que te voy a contar, te interesa.

Fíjate que una de las cosas que más hacemos en nuestro día a día es tomar decisiones. Desde que te levantas hasta que te acuestas. Y tu vida es consecuencia directa de todas ellas. Cuando pensamos en tomar decisiones normalmente pensamos en grandes y trascendentales decisiones como estudiar filosofía o matemáticas, o casarme o no con mi novi@.

Pero a lo largo del día tomamos otras muchas. Desayunar tostadas o cereales, ir al trabajo en bus o andando, etc… Y en muchas ocasiones, lo que marca las diferencias son estas pequeñas decisiones.

Con este artículo aprenderás a tomar mejores decisiones y a acabar con el mal hábito de la indecisión para estar en paz y satisfecho con tu vida.

Errores comunes a la hora de tomar decisiones

1. Centrarte en lo que rechazas

No te fijes en lo que dejas de ganar, lo que en economía se conoce como el coste de oportunidad, si no en lo que puedes ganar si optas por esa opción. De esta manera no caerás en la temida parálisis por análisis. Que no es ni más ni menos que no tomar ninguna decisión por exceso de análisis.

2. Retrasar la toma de decisión

Nos convertimos en procrastinadores. Dejamos para después lo que deberíamos decidir YA. Si esperas el momento cuando todo, absolutamente todo lo tengas listo, lo tengas claro y no exista ningún tipo de riesgo o incertidumbre, nunca vas a tomar una decisión, y esa es la peor decisión. Para evitar este error, ponte una fecha límite para la resolución y cúmplela.

3. Tener miedo a equivocarse

El error forma parte del proceso de éxito. Las personas de éxito se equivocan mucho. Lo que pasa es que se equivocan pronto, joven, barato y una sola vez en cada cosa. Esa es la idea. Te vas a equivocar sí o sí. Y esas equivocaciones serán grandes maestros para ti. Por tanto, pierde el miedo al error.

Antes de seguir, me gustaría que en este momento escribas en un papel una cuestión sobre la que tienes que tomar una decisión. Quiero que este post te sea lo más útil posible y te sirva para al menos, para la duda más inmediata que tengas.

¿Lo tienes ya? ¡Vamos a por ello!

Sugerencias para tomar buenas decisiones:

  • Establece qué es prioritario y secundario en tu vida. Lo primero va antes. Y muchas veces lo primero no lo ponemos antes de tomar una decisión. Y tomamos decisiones en función de los objetivos secundarios de nuestra vida.

Te recomiendo que hagas una lista con las cosas más importantes de tu vida. 5 cosas. Y puntúalas del 1 al 5, según su importancia. Y cuando tengas que tomar una decisión pregúntate cómo afecta a estas 5 cosas. Por orden. Si las favorece estarás tomando la decisión adecuada, si no las favorece estarás tomando la decisión incorrecta.

  • Implanta cortafuegos. Los cortafuegos serán límites que tú no vas a pasar al tomar decisiones. O lo que es lo mismo, tomas la decisión, antes de tomar la decisión. Con esto evitas tomar la decisión en caliente o dejándote llevar por las emociones. Así, te proteges de ti mismo.

Ejemplo: Ir a una entrevista de trabajo sabiendo que menos de X dinero, más de X horas o menos de X responsabilidad, no lo haré, no lo aceptaré.

  • Si has tomado una mala decisión, ¡HUYE! Salte lo antes posible. La vida es demasiado corta para insistir en cosas que no te aportan nada. A veces tomamos una decisión errónea y esperamos que cambie. Nos obstinamos. Y te diré algo, cada día que pasa, como has invertido más, en tiempo, en dinero, en recursos, emocionalmente, cada día te cuesta más equivocarte.

Esto es aplicable tanto a un libro que has empezado a leer y no te gusta, un curso que no es lo que esperabas o una relación de pareja que no te llena.

  • Acepta el peor escenario posible. Valora cuál es el peor escenario posible, real, de tomar la decisión. Aclaro real, porque tampoco hay que dramatizar, pensando que vas acabar debajo de un puente. Y como decía es importante, porque si estás prevenido para el peor escenario posible, lo aceptas y puedes afrontarlo, entonces no tienes por qué tener miedo de tomar esa decisión.
  • Quédate con 2-3 alternativas. En lugar de pensar entre 50 opciones posibles, trata de reducirlas en la medida de lo posible a 2-3. Cuantas menos opciones tengamos, nuestra mente menos se dispersará y por consiguiente tomaremos mejores decisiones.
  • Utiliza la técnica de “el café caliente”. Si te llega un café a la mesa muy caliente, ¿qué haces? Esperas, lo dejas enfriar unos minutos y después te lo tomas. Pues con las decisiones que parecen urgentes, podemos hacer lo mismo.

Ejemplo: Te llega un compañero de trabajo y te dice que hay que decidir la fecha de las vacaciones YA o te pregunta tu mujer si la quieres acompañar de compras. No tomes la decisión en caliente, esperas un poco, enfrías y la tomas.

Eso sí, ten cuidado y no enfríes tanto que te conviertas en un procrastinador.

  • Tomamos la decisión cuando entramos en acción. La acción es el puente que une los pensamientos con los resultados. Por lo que en cualquier decisión, el proceso acaba no cuando lo pensamos, sino cuando entramos en acción.
  • Confía en tu intuición y en las ideas creativas. La gente piensa que la gente que toma decisiones de manera racional y meditada no se suelen dejar llevar por el instinto. La intuición es ese pensamiento, ese feeling que está en un plano inconsciente y que te da diferentes vibraciones según en qué pienses. En cambio, según estudios en personas que por trabajo tienen que estar continuamente tomando decisiones, más del 49% se dejan llevar por la intuición. Ellos mismos dicen que la intuición se entrena. A medida que vas tomando cada vez más decisiones, tu intuición se va afinando.

Y además se atreven a tener ideas creativas. Con lo cual, tomar ideas sabias no está reñido con dejarse llevar por la intuición.

  • Visualiza las diferentes opciones y observa cómo se siente tu cuerpo. Tu cuerpo tiene más información que tu mente sobre si la decisión es correcta o incorrecta. La mente es un excelente sirviente, pero es un pésimo amo. El amo debe ser el cuerpo, más concretamente el corazón.

En el libro Poder contra fuerza, el Dr. Hawkins nos propone que una de las formas de acceder a la sabiduría que hay en nuestro cuerpo es testando cosas. Así que tu cuerpo puede testar las decisiones.

Quédate un rato en silencio y observa cómo se siente tu cuerpo con cada una de las alternativas disponibles. Cuando tomamos la decisión correcta nuestro cuerpo siente expansión, cuando tomamos la incorrecta, nuestro cuerpo siente contracción. Cuando tomas la decisión correcta tu cuerpo se siente naturalmente bien; cuando tomas la incorrecta tu cuerpo se siente naturalmente mal. O dicho de otra manera, toma la decisión con la que te sientas mejor y que tu mente opere al servicio de esa decisión.

  • Guarda silencio. Es difícil tomar buenas decisiones en nuestro frenético día a día; de un lado a otro, en el coche, rodeados de gente y de ruidos. Es muy fácil dejar de tomar decisiones por tener que hacer cosas. Un rato de silencio es de lo mejor que te puede venir para tomar decisiones.

Un rato en silencio total. Vete al parque, a la playa o búscate un lugar donde puedas estar en silencio tú solo y en el que nadie te moleste. Sin wi-fi, sin teléfono, sin reloj.

Es momento de coger el papel de antes, con la decisión que no sabías como tomar y apliques algunas de estas técnicas. No hace falta que las apliques todas a la vez. Quédate con las que más te gusten o creas que mejor se adapten a tu caso.

Solo me queda agradecerte por haber llegado hasta aquí y espero que toda esta información que te he dado te sea de utilidad. Y si te animas, te espero en los comentarios y en las redes.

Photo Credit: Mujer dudando via Shutterstock

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Claudio Almarcegui

Claudio Almarcegui

Graduado en Admnistración y Dirección de Empresas. Especializado en Marketing. Siempre le pareció atractiva la psicología, pero fue por una serie de reveses de la vida cuando abrió sus brazos al desarrollo personal. Seguidor de la filosofía Kaizen y del Carpe Diem.
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